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5.8.09
Esto Nos Mantiene En Pie De Marcha (continúa)

Continuación del testimonio del Hermano Ambrósio:

Amados Hermanos en Cristo,

Es un placer contarles más de cómo el Señor me guió a creer este Mensaje.

Mi nombre es Ambrósio; tengo 26 años y soy soltero. Nací en una provincia al norte de Angola y vivo en Luanda, la capital.

Siempre critiqué fuertemente la manera en que las mujeres vestían en la iglesia bautista donde pertenecía. Siempre les hacía preguntas difíciles a los pastores y a los predicadores en esa iglesia, más no recibí respuesta satisfactoria. Lo único que me decían era: “Hay cosas secretas que no nos son permitidas saber”. Sin embargo, mi corazón constantemente buscaba estas “Cosas Secretas”, y mi alma estaba ansiosa por ver a Dios. Seguro, yo realmente anhelaba ver a Dios.

Recuerdo cuando me sentí arrepentido por mis pecados y por las fallas. Muchas veces asistí a la iglesia, esperanzado en que escucharía algo de parte del predicador que pudiera enmendarme el corazón quebrantado. Pero siempre era historia tras historia, por lo que siempre regresaba a casa, la misma persona; era porque el poder de transformación no estaba allí.

Pero cierto día, en casa de un compañero al que le hacía una corta visita, vi en la pared una fotografía muy grande del profeta. Parecía como que el profeta estaba mirándome a mí, entonces le pregunté al compañero, ¿quién es ese hombre en la fotografía?”. Y él respondió: “¡Él es mi profeta!”. Y entonces comenzó a relatarme todo en cuanto al profeta, pero yo no estaba prestando atención, pues, para mí sonaba extraño creer en profetas en estos tiempos.

Después de eso, esa imagen del profeta parecía perseguirme donde iba. Un día fui al peluquero para un corte de cabello, y el dueño de ese lugar era un creyente del Mensaje de la hora. Allí vi otra fotografía del profeta sobre la pared.

Y finalmente, en la escuela donde yo enseñaba, me enteré que habían contratado un maestro nuevo. Pronto nos presentamos y nos hicimos amigos. Ese día, él cargaba un panfleto en la mano, y lo que me llamó la atención fue una vez más la fotografía del profeta en la portada. Entonces pensé en mí: “Siempre estoy viendo la fotografía de este hombre, ¿quién será?”. Le pregunté más acerca del profeta a mi nuevo amigo, y él me relató de los hechos y los milagros que hizo el profeta. Él me ofreció un panfleto titulado “La Señal”.

Una noche cuando leía “La Señal”, Dios me habló por medio de ese Mensaje y me reveló lo que era La Señal. Parecía como que al día siguiente todo terminaría. Me inquieté por mi salvación esa noche, y comencé a llorar y a clamar. Después fui invitado a ir a la iglesia, al Tabernáculo Luanda, donde el Hermano Kamalandua (Director de la oficina VGR en Angola) es pastor. Allí vi a personas diferentes, una atmosfera muy diferente, algo que nunca antes había sentido, algo que le correspondía a lo que yo estaba esperando. Finalmente dije: “Aquí es donde yo pertenezco”. Por fin había encontrado las respuestas a todas mis dudas; ¡encontré a Jesús! ¡Yo encontré lo que andaba buscando, este Mensaje de la hora y Su profeta!

Ahora me gozo en que puedo decir: “Era ciego pero ahora veo”. He podido ver los Siete Sellos revelados; he podido ver a Dios en carne humana. ¡Oh, gloria al Señor, soy salvo!

Dios los bendiga a todos,

El Hermano Ambrósio