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6.4.08
¿Le teme Ud. al cancer?

Si hay una enfermedad que es temida alrededor del mundo, es el cáncer. Ésta mata cerca de 8 millones de personas anualmente. Cada uno de nosotros tiene amigos o seres queridos que han batallado con la enfermedad. Los médicos han desarrollado maneras de disminuir el progreso, pero sólo se conoce de una cura.

El Ángel del Señor le dijo al Hermano Branham: “Si logras que la gente te crea, y eres sincero cuando ores, nada le podrá hacer frente a tus oraciones, ni el cáncer”. Los siguientes son testimonios de personas que le creen al Hermano Branham.

Del Pasado

Sanado en 1948

Yo estuve en un avivamiento con el Hermano Branham en Edmonton en 1948. Presente allí también estaba un amigo muy apreciado, cuya esposa estaba en casa muriendo de cáncer. Mi amigo entró a la línea de oración, y estando a muchas yardas de la plataforma, el Hermano Branham se dirigió a él para decirle: “Ud. no es de aquí. Vaya en Paz; Dios ha dado la sanidad”; y así fue. Su esposa vivió otros 28 años…



Cáncer del Estómago

Mi abuelo me contó que de joven fue muy enfermo. Por muchos años él sufrió de lo que se creía que era cáncer del estómago. Por fin, lo médicos le removieron el estómago, a la edad de 38 años, y lo enviaron a casa a que mueriera. Mientras agonizaba lentamente en casa, en la isla de Vancouver, William Branham vino de visita a Vancouver, British Columbia. Mi abuelo hizo el viaje a Vancouver para las reuniones, pensando en que ésta sería la última oportunidad o seguramente moriría. William Branham no lo conocía. Él lo llamó de entre la audiencia, le dijo su nombre, de dónde era, etc. Él luego oró: “Señor, sana los errores de los médicos. Regrese a casa. Ud. estará bien dentro de tres días”. Mi abuelo pensó: “no duraré todo eso”; pero él confió en el profeta de Dios. La primera noche después de la reunión, a las primeras horas, dijo mi abuelo: “Vi por debajo de la puerta una luz que brilló. Ésta se abrió y un hombre en un manto blanco y largo, de tez morena, y cabello negro y largo, se paró al pie de mi cama y tan sólo me miró; y luego desvaneció”.

La segunda noche, la misma luz brilló debajo de la puerta, la misma visita del Ángel, luego simplemente desvaneció. Lo siguiente que ocurrió es exactamente lo que mi abuelo me contó que ocurrió a la tercera noche. Él oró antes de acostarse: “Señor, cuando vengas esta noche, por favor ministra para mí según mis aflicciones”. Mi abuelo me contó que en las horas de la madrugada él vio cómo la luz penetró las tinieblas, la puerta a su habitación se abrió, el Hombre entró y se sentó en un asiento al lado de su cama. “Nos miramos y entonces supe que Éste era el gran Médico. Él miró en mis ojos y me dijo que entendía el grado de mi enfermedad. Después pasó Su mano sobre mi cuerpo. Quede sano en el instante, tal como fue dicho en la reunión; “‘en tres días serás sanado’”. Mi abuelo pasó el resto de su vida predicando las Buenas Nuevas.

Dios Aún Sana Hoy

Soldado es sanado de cáncer de la piel

Mi hijo llamó desde el campo de batalla en Irak, minutos después de que fuera informado de la enfermedad terminal, cáncer melanoma de la piel, pidiendo oración. Caímos de rodillas, y esa tarde ingresé al Internet e hice una petición de oración por mi hijo, James. James me volvió a llamar cuando lo reasignaron al Fuerte Sill, ya estando bien, con un mensaje del médico: “No sé quién ha estado orando por ti, hijo, pero dales las gracias. A ese cáncer le ha sido sacado un bocado, y ahora no te hará daño”.



Cáncer en la glándula salivosa

Recibo bendición a diario por los testimonios de los santos en este sitio Web. De joven, antes de oír el Mensaje, viví como un santo Pentecostal, plagado por la condición descarriada de la iglesia. Recuerdo que lloraba constantemente y declaraba que si la salvación es lo que yo veía en los círculos Cristianos, entonces estamos perdidos. Había una pareja de recién casados que compartía el mismo dolor y desesperación por la condición de la iglesia. Los tres pasábamos las noches del viernes y del sábado en una agonizante mediación pidiendo un avivamiento.

Por alguna razón, no clara para mí, le temía al cáncer y me sentía desvalido, como la Escritura acerca de Job que enfrentaba lo que él más temía esto merodeaba por mi mente.

En 1993, por nueve meses, había viajado para hacer un trabajo lejos de la ciudad. Dos meses después que había regresado, tuve una bola dolorosa en un ángulo en la parte inferior de la mandíbula. Una biopsia de ésta llevó al diagnostico de cáncer en la glándula salivosa; carcinoma adenoide cístico. Me sentí paralizado por la noticia, pues estaba enterado desde la A hasta la Z, porque estaba estudiando esto en la clase. El cirujano era también mi conferencista, y la conferencia para hablar de mi diagnostico, tratamiento, y pronostico fue muy tensa. Él explicó mi necesidad de una combinación de cirugías (remover mi glándula salivosa parótida del lado derecho), quimioterapia y radioterapia, pues el cáncer no responde muy bien a sólo un tipo de tratamiento. La cirugía conllevaba un riesgo de parálisis de los nervios faciales.

El pensar que estaba en estos zapatos me atemorizaba demasiado. De allí, salí referido para una tomografía computarizada. Pasé noches sin dormir. La mañana siguiente era sábado. Dios me llevó a la casa de mis amigos, la pareja, y les compartí la noticia antes de anunciársela a mis padres. Estos amigos, para ese tiempo, habían recibido el Mensaje y ya estaban orando por mí. La hermana parecía inmovible ante la noticia y sonrió diciendo: “Dios te sanará, si tan sólo crees”. El hermano tomó la Biblia y comenzó a leer y a explicar la historia de José en el Génesis; Jesús en tipo.

Me emocioné y recibí estimulación, pues había llorado mucho cuando leí acerca de la vida de José; de que había dejado a sus hermanos, para llorar aparte. Le había implorado a Dios, en el dormitorio de la universidad, que me abriera la vida de José, pues era un misterio. Este hermano, sin yo pedirle, fue directo al Génesis, al capítulo 39 y me explicó la historia. La depresión me dejó, olvidé del diagnostico y festejamos en la Palabra. Yo recibí la revelación de Jesús, Su Nombre y el poder en el Nombre, y la diferencia entre el Nombre y los títulos. Expresé la necesidad de ir a las aguas.

Al día siguiente, fui bautizado, y recibí oración por el cáncer. Me fueron entregados los mensajes: “La Revelación De Los Siete Sellos” y “Le Teme Ud. Al Cáncer”. Me alimenté tan vorazmente de estos Mensajes, que los hermanos me dieron el sobrenombre de “pura sangre”.

Después de la tomografía computarizada, le testifiqué de mi sanidad al cirujano. Pedí que se me hiciera una biopsia para testimonio y rehusé el tratamiento planeado. El cirujano tomó tejido de todos los ángulos. Ocho diapositivas fueron tomadas por el patólogo, y sí, todas las diapositivas salieron limpias; nada del cáncer. Ninguno de los tratamientos planeados fueron llevados a cabo.

El patólogo no lo entendía cuando miraba las diapositivas del tejido, después de las oraciones. Él vino por mí a la clase y me mostró las ocho diapositivas que primero mostraban el cáncer. En el segundo grupo (el tejido tomado después de que se había hecho la oración) células de grasa ocupaban el lugar de las del cáncer. Han pasado ahora quince años desde el milagro y he visto a Dios identificarse Él mismo en Su propio carácter en mi vida, y en el de mi amado esposo y dos hijos. Amén.

La Hermana Elizabeth



Tumor

(Hace referencia al artículo ‘Tocado Por Dios’, publicado en la página Web el 4 de Mayo del 2009). Este relato me trajo a memoria un testimonio parecido que mi madre tuvo a la edad de los 51 años, el cual me gustaría compartir. Levanta mucho nuestra fe oír de las victorias que nuestros hermanos y hermanas tienen.

Mi madre tenía una masa en el cuello aproximadamente del tamaño de un huevo. Era muy aparente. El médico programó una biopsia. La mañana que ingresó para la cirugía, le dieron medicamentos para sedarla. Cuando el medico entró a la habitación para la cirugía, ella aún estaba despierta. El médico le preguntó bromeando: “¿Qué haces aún despierta?”. Luego, él examinó el área de la masa, y le dijo: “¡Esa masa ha desaparecido!”. Ella le relató que creía en la oración y que el Señor la había sanado. Para sorpresa de ella, el médico le dijo que él oraba antes de practicar toda cirugía. Es grandioso escuchar de su testimonio siendo relatado por los empleados del hospital; aún la esposa del médico lo ha contado. Dios es muy bueno con Su pueblo.

Dios los bendiga.

La Hermana Anita



Cáncer de la próstata

Quisiera darle a nuestro bondadoso Señor Jesucristo, toda la honra y la gloria por lo que ha hecho por mi familia. Recientemente envié una petición de oración a G.V.D. (Grabaciones La Voz de Dios), vía E-mail, para que los creyentes nos acompañaran en oración por mi suegro que le fue diagnosticado cáncer de la próstata. Creyentes: le fue removida la glándula de la próstata, y el cirujano tampoco puede creer que todo el cáncer hubiera sido removido. Éste verdaderamente fue un milagro. El cáncer que él tenía era del tipo agresivo, y en toda realidad, era para que ya estuviera muy esparcido. Él aun tenía síntomas de metástasis avanzada, por ejemplo: dolor severo de la columna (a este cáncer le fascina abarcar los huesos), aun perdida de peso, síntomas cardiacos y de respiración. Amigos soy doctor de la medicina. Esto no es nada corto de un milagro. Gracias por acompañarnos con sus oraciones. Dios ricamente los bendiga.

Un pastor de Sudáfrica.



Cáncer de los pulmones

La ancianita Jacoba, una hermana, tiene 80 años y fue bautizada en una de nuestras campañas en las carpas hace unos años. Es de gran bendición tenerla alrededor. El año pasado nos dieron la noticia de que ella estaba enferma. Con mi esposa conducimos hasta allá para visitarla. Cuando llegamos, ella estaba sentada en la cama, y entonces entramos para saludarla; quedamos sorprendidos porque nos trató como si nosotros fuéramos las personas enfermas.

Su hija nos contó que el médico había dicho que sospechaban que tal vez podría tener cáncer de los pulmones. Ella rehusó creerlo, y nos contaba de lo saludable que se sentía. La parte sorprendente de esta historia fue cuando ella visitó el hospital a principios de esa semana. Ella nos contó de como a duras penas podía caminar, pero no le quedaba opción, pues el único transporte era un taxi que las deja como a cinco kilómetros del hospital. Ella caminó todo el trayecto hasta el hospital, y después de que el médico la examinó, la envío a casa. Saliendo del hospital, estaba sentada, y oraba por algún transporte, de repente oyó una voz: “Puedo ayudarle”. Cuando levantó la mirada, un hombre joven estaba parado a su lado. Ella entonces le contó su problema y él le dijo que no tenía un auto, pero que caminaría con ella hasta la parada del taxi. Y entonces su jornada comienza.

Ella cuenta que él era muy callado, pero que fue muy paciente con ella. Cuando se cansó, él le dijo que descansara, y en ningún momento se quejó ni dijo nada. Cuando llegaron hasta la parada del taxi, él la ayudó a subir, se despidió y desapareció entre la multitud.

Ella dijo: “Pastor, nunca antes lo he visto, pero sentí tanta paz mientras caminaba con él. Cuando ella regresó al médico no quedaban rastros del cáncer de pulmón.

¡Permita que Él camine con Usted!

Un pastor de Sudáfrica



Tumor

Saludos en el Nombre de nuestro PRECIOSO SEÑOR.

Quisiera compartir un corto testimonio con la esperanza que ayude a los creyentes. Mi vida como Cristiana no había sido muy recta por muchos años, a pesar de que asistía de vez en cuando a la iglesia. Sin embargo, parecía que progresivamente me distanciaba más y más de la Palabra. Requirió la tierna mano de Jehová para ponerme de nuevo en el camino.

Me fue diagnosticado un tumor maligno y tuve que someterme a una cirugía muy extensa. Los meses que siguieron a la operación me trajeron de nuevo a la oración, al arrepentimiento y a sujetarme completamente a mi Señor; sin embargo, la prueba aun no terminaba. Comencé a experimentar mucho dolor, tanto que a veces le pedía al Señor que me llevara; de todas maneras, yo me lo merecía. Con todo, Él ha sido tan bondadoso conmigo que no puedo agradecerle lo suficiente por brindarme otra oportunidad de servirle a Él completamente.

Los médicos sospechaban que el tumor tal vez había abarcado otros órganos. Antes de ir para la tomografía, yo oré y llené uno de los cheques de Jesús para que no hubiera señal del crecimiento. Yo también había enviado una petición a G.V.D. por el mismo problema.

Quiero tan sólo mencionar que no hay señal del tumor, y QUIERO AGRADECERLE AL SEÑOR POR SUS MISERICORDIAS TAN INAGOTABLES.

Una hermana en Inglaterra.



Cáncer de seno

En la fecha 10/21/08 me fue hecha la revisión anual y el médico encontró una masa en mi seno izquierdo. Una mamografía fue programada para el 10/30/08. La mamografía y el ultrasonido mostraron una masa, y fui programada para una biopsia el 11/06/08. Vine a casa e inmediatamente llamé a G.V.D., y a muchos creyentes para que oraran.

El 11/6/08 fui preparada para la biopsia y el ultrasonido, y me explicaron el procedimiento. El médico y su asistente iniciaron el ultrasonido. Para ese momento el médico salió del cuarto, dejando que la asistente continuara el procedimiento. Ella pausó y dijo: “Ya regreso”. Bien, ella regresó con el médico y él le dijo que comenzaran de nuevo; ella lo hizo. Él dijo: “Suspendamos el ultrasonido”. Él me explicó que no podían encontrar la masa, a lo cual yo dije: “Alabado sea el Señor”.

Él me dijo que no podía hacer la biopsia de algo que no podía ver, entonces me dijo que tomaría tres imágenes: de los ángulos 30, 60 y 90, para mayor seguridad. Tomaron las imágenes, y la asistente que hacía el procedimiento con el médico era una muchacha pentecostal. Ella dijo que yo era su primer milagro; ella no había visto un milagro antes.

El medico dijo: “Aquí está la imagen de la semana pasada; ésta es la masa”. Luego dijo: “Ésta es la misma imagen tomada hoy; no hay masa”. Él estuvo muy contento y me dijo que me fuera a casa y que me volvería a revisar en 6 meses. Todo el consultorio estuvo muy contento, y todos me felicitaban. Me explicaron que generalmente son lágrimas y tristeza, pero que hoy era diferente.

Le agradezco a los hermanos y a las hermanas por sus oraciones.

Le doy gracias a Dios por este Mensaje; es mi Absoluto.

¿Todavía le teme usted al cáncer?