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7.3.09
Sanado durante el fin de semana de Pascua

En el fin de semana de Pascua en Jeffersonville este año, vine con un terrible dolor en mi estómago. Se ponía continuamente peor en periodos de 6 horas, así que pensé que podría ser apendicitis. Fui a primeros auxilios en Jeffersonville y me tomaron varios exámenes. Ellos pensaban que era una úlcera péptica, me dieron algo de medicina y me fui de alta. Gracias a Dios pude pasar algunas horas en el edificio que La Voz De Dios tenía por el fin de semana. Yo estaba tan feliz de ver al caribú, al oso grizzli plateado y a Blondie, que nunca había visto antes. También, pudimos hablar con el Hermano Billy y la Hermana Loyce y de saludar de manos al Hermano Joseph, ¡Qué bendición!

Pero entonces el dolor comenzó a volver y por las próximas 8 a 10 horas fue más intenso. Volví a los primeros auxilios y me tomaron más exámenes. Esta vez, ellos dijeron que me debían extirpar la vesícula, junto con parte de mis intestinos que aparecían bloqueados, pero estando a 500 millas de casa, Yo les dije que me dieran unos analgésicos y que me dejaran ir a casa. Ellos no querían y me dijeron que quizás no alcanzara a llegar a casa, pero si llegaba, que fuera directamente al hospital.

Volvimos al hotel, lo abandonamos y comenzamos a cargar el vehículo para irnos a casa. El teléfono sonó y era un amigo, quien me dijo que mirara mi reloj. Eran las 12:48 p. m. El me dijo: “En este mismo minuto, el Hermano Billy y el Hermano Joseph están orando por ti”. ¡Qué honor!

Los doctores me habían dicho que no manejara, así que una de mis hijas se fue con nosotros para conducir. Yo les dije que me dejaran conducir por Louisville por el tremendo tráfico. A medida que comencé a conducir, noté que el dolor que debería estar volviendo, en realidad estaba mejorando, así es que seguí conduciendo. Mi esposa e hija se mantenían preguntándome cómo me sentía y yo seguía mejorando. Al poco rato todo el dolor se había ido. De lo único que me arrepiento es de no haber vuelto.

Ya han pasado 2 semanas (más de 2 meses cuando se publique este artículo) sin dolor, ni síntomas y nada de medicina. Dios obró un milagro en mí. Quiero agradecer al Hermano Billy, al Hermano Joseph y a todos mis preciosos hermanos y hermanas por orar por mí y le pido a todos los que lean este artículo que me ayuden a darle gracias a nuestro Señor Jesucristo por su tierna misericordia para conmigo. Tan indigno pero tan agradecido.

Dios les bendiga ricamente,
Hermano Jimmy