El Hermano Mangongolo había sido creyente como por
cinco años, pero no fue sino hasta 1987 que su vida cambió para siempre.
Cuando las cintas del Mensaje llegaron a
la ciudad de Mbandaka por primera vez, para el año de 1987, para nosotros
fue la primera ocasión que escuchábamos la voz del profeta, y que tuvo un
gran impacto en nosotros, a tal punto que la visión que teníamos del Mensaje
cambió desde ese momento hasta ahora. Así que cualquier voz, sin importar su
origen, que no fuera la misma del mensajero de la edad nos repugnaba.
Entre más oía, sentía más la carga de compartir el Mensaje de Malaquías 4 con
otros. Pronto, él comenzó a poner las cintas del Hermano Branham en su iglesia.
La carga continuaba creciendo, así que el comenzó a compartir el Mensaje con las
aldeas cercanas, y luego mas allá. En el 2008 él conoció al Hermano Mali,
director de la oficina de VGR en Kinshasa.
Después de la reunión con el Pastor, el
Reverendo Mali Kumu Alunga, el representante para los países de habla en
francés de África Central, y nuestro anciano en la Republica Democrática del
Congo, el Reverendo Barutti Kasongo, nuestro sueño se hizo realidad, pues,
por fin teníamos el contacto adecuado para la obra misionera de Malaquías 4…
Como ahora pueden ver, tuvimos la inspiración hace muchos años, pero
carecíamos de un buen contacto que nos pudiera ayudar a progresar. Ahora,
habiendo el Señor dado respuesta a nuestras oraciones, vuestra diestra de
compañerismo, el ánimo, el material y el apoyo espiritual serán bienvenidos.
Ahora Él viaja yendo y viniendo por el Río Congo armado con un toca-cintas,
casetes y libros del Mensaje en francés. Su esposa labora cosechando maíz y
vendiéndolo en el mercado local para ayudarlo en su ministerio de poner a sonar
las cintas para los nativos a lo largo del río. Muchas veces, él lee en alto los
Mensajes en francés y un traductor los interpreta en lingala para el pueblo que
no habla francés. Para el escéptico, los testimonios que acompañan el ministerio
del Hermano Mangongolo de poner a sonar las cintas son imposibles. Pero para el
creyente, sabemos que todo es posible para los que creen:
Yenga antes era católico, y se convirtió a la denominación pentecostal. A él
le fue dado un tratado llamado “El Mensajero”. A pesar de que Yenga no sabía
nada acerca del Hermano Branham y de que no entendió el tratado, decidió
conservarlo. Unos días después sus hijos se enfermaron con Malaria. Él compró un
tratamiento de varías píldoras para darle a sus hijos.
Su esposa les dio la primera dosis y guardó el resto del medicamento en el
tratado. Cuando llegó la hora para la dosis de la tarde, el esposo le pidió a su
esposa las píldoras. Ella le dijo que las había guardado en el tratado. Yenga
abrió el tratado y no vio el medicamento. Los dos revolcaron la casa en busca de
las píldoras, sin ningún éxito. Yenga visitó a su tío, que le había dado el
tratado, y le relató la historia. Su tío, un creyente del Mensaje, le aconsejó
hablar con el Hermano Mangongolo. El Hermano Mangongolo le invitó al servicio
dominical.
El corazón de Yenga palpitaba de la emoción mientras oía la cinta. Después
del servicio, él dio el testimonio de que nunca antes había oído algo así, en su
vida, ni en la iglesia católica ni en la iglesia pentecostal.
Él asistió al servicio el siguiente domingo y escuchó aun con más atención,
deseoso que el Mensaje penetrara profundamente en su alma. El alimento que
estaba comiendo era tan delicioso que no quería que esa cena terminara.
Al tercer domingo, él trajo a su esposa y a sus hijos al servicio (ya sanos
de su enfermedad). Después de escuchar la cinta, él tomó la decisión de hacerse
bautizar. Pasadas unas semanas, su esposa también entró a las aguas en bautismo.
Su testimonio es que juntamente con su familia creen este Mensaje porque tiene
vida y es muy oportuno, no era lo que él había recibido antes en las iglesias a
las que había asistido.
El Hermano Mangongolo también nos envió el testimonio del Hermano Yekwa. Una
fiebre muy alta lo enfermó un domingo en la tarde y él encontró su sanidad en la
Palabra.
En la noche del domingo, estaba gravemente
enfermo pero sin saber de qué enfermedad era que padecía. Como a las 9pm la
fiebre subió mucho más. Mi esposa me dijo que fuera al hospital pero me
rehusé a pesar de que me sentía muy enfermo y el caso ahora se tornaba
grave.
Después de un rato, recibí la inspiración de escuchar la cinta del Mensaje
del Hermano Branham, titulada: El Rey Rechazado. Mientras escuchábamos con mi
esposa, caímos dormidos. Cuando desperté, para la media noche, unos minutos
después, me sentí completamente sano. Luego quise dormir nuevamente pero una voz
en mi corazón dijo que escribiera esto como testimonio.
Gloria al Dios de Branham para siempre.
No solo está siendo escuchado este testimonio por su familia, o en su aldea,
sino que este testimonio ahora es leído por miles de creyentes alrededor del
mundo, por el sentir que el Señor puso en el corazón del hermano en las horas de
la madrugada.
El Hermano Mangongolo,
Nuestro puesto de cintas recibe a todos
los creyentes de todas partes y hermanos de las islas en la vecindad que
esperan la Venida del Señor. Los servicios se llevan a cabo cada miércoles y
domingo. Tenemos muchos planes para el futuro, pero no hemos podido
realizarlos por la falta de material. Sin embargo, nos estamos esforzando en
escuchar las cintas. Necesitamos en un futuro, Dios mediante, todos los
videos de la Voz De Dios para mostrar ante el pueblo. Nosotros también
repartimos tratados cuando es posible, pues nos ayudan en contactar al
pueblo. El Señor está trayendo a los Suyos también de esta manera, los
testimonios aquí lo confirman.
Aquí está cómo se efectúa el servicio. Escuchamos una secuencia programada
del Mensaje en inglés a francés, en cinta, y mientras tanto vamos siguiendo el
mismo Mensaje en el libro hasta el último párrafo indicado. Luego dejamos de
oír, y comenzamos a leer la misma secuencia o párrafo en el libro en francés y
un intérprete traduce a lingala para los que no entienden el idioma francés.
Podemos pasar un o dos meses con un mensaje.
Cuando solo tenemos el libro, solamente leemos y un intérprete traduce a
lingala. Tenemos por experiencia que simplemente leer nos lleva a una atmosfera
que para nosotros parece como si el profeta mismo estuviera predicando
físicamente.
Los testimonios del Hermano Mangongolo parecen no acabar. El Señor continúa
vindicando la Voz que él pone a sonar, pero uno de los testimonios más
sobresalientes viene de su esposa. La historia del Señor dando respuesta a su
oración por una mujer sufriendo mucho en el parto, un libro conocido, y fe en un
profeta que una vez estuvo en tierra africana serán publicadas en los días
siguientes.