La Hermana Melanie trabaja cosechando maíz para
proveer suficiente dinero para que su esposo, el Hermano Mangongolo,
pueda traer el Mensaje a los nativos que viven en las riberas del Río
Congo. Como fue publicado en artículos anteriores, los esfuerzos de esta
pequeña familia han sido grandemente bendecidos con sanidades, milagros,
y más importante, la salvación de almas que andan en su búsqueda. No
obstante, el testimonio más sobresaliente no vino del Hermano
Mangongolo, vino de su esposa.
La mujer llevaba los últimos dos días en trabajo de parto, sufriendo
grandemente. La Hermana Melanie veía su agonía, pero nada podía hacer. El único
centro de salud en su aldea tenía una enfermera, pero no había un médico. Pasó
el tercer día. El tiempo ahora se agotaba. Para entonces ya había roto fuente,
ahora la vida del bebé y la madre corrían peligro. La enfermera ya no podía
hacer más, y la situación empeoraba. La Hermana Melanie entonces hizo lo único
que ella sabía hacer: pedir si se le concedía hacer una oración por la mujer.
La fe de la Hermana Melanie estaba en el profeta que había desplegado tantas
señales y maravillas durante su ministerio. Ella trajo el libro titulado:
William Branham, Un Profeta Visita Sudáfrica. Sus palabras de un Dios que
responde a la oración le dieron ánimo a la mujer que sufría. Las dos damas
entonces inclinaron los rostros y la Hermana Melanie ofreció la oración: “Señor
Jesús, Tú nos diste este Mensaje y Tu profeta caminó en tierra africana, en
Sudáfrica, y allí, Tú hiciste grandes milagros como se testifica en este libro.
Tú eres el mismo Dios; has algo por esta dama. Yo oro en el Nombre de Jesús,
amén”. Ella entonces puso el libro sobre el vientre de la mujer y le dijo: “El
Dios de William Branham aún vive, y Él va hacer algo. Sólo tenga fe”.
Tan pronto la Hermana Melanie salió del cuarto, la mujer comenzó a tener
contracciones. Ella luego dio a luz a un bebé muerto. La enfermera salió del
cuarto y le informó a la Hermana Melanie que el bebé había nacido muerto. Ella
miró a la enfermera y con mucha calma le dijo: “Dios es perfecto en todo
aspecto, y el terminará lo que Él comenzó”.
Ella regresó al cuarto, puso el mismo libro sobre el bebé muerto, y le pidió
al Señor que honrara el Mensaje que ella había oído en las cintas. Ella pidió
por los mismos milagros que Él había hecho en el África por el profeta, William
Branham. “Él puede de nuevo hacer lo que hizo en este libro inspirado”. Después
de la oración, ella salió del cuarto y esperó cerca. Cinco minutos después, ¡el
bebé vino a vida! La enfermera se dio prisa al borde de la cama, y encontró que
el bebé estaba perfectamente saludable. Por supuesto que la dama y su esposo
ahora creen el Mensaje y son miembros de la iglesia en su aldea, Maita.