Banner Image
1.11.10
Probando Su Palabra

Se dice con frecuencia que la Unción no está en las cintas. Nosotros no estamos seguros a qué se estarán refiriendo, pero si Ud. frecuenta este sitio Web, podrá ver claramente que Dios puede usar una grabadora para mostrar que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

En el sermón, “Probando Su Palabra”, el Hermano Branham nos habla acerca de cómo es que Jesucristo es el mismo hoy como hace 2,000 años cuando caminó sobre la tierra. El Hermano Branham luego no sólo nos dice, sino que nos muestra. Recibimos el siguiente testimonio de una hermana en Trinidad, quien tuvo una experiencia muy especial cuando escuchaba este Mensaje.

“Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Dios cumple con Su Palabra, Él la prueba, prueba que Ella es veraz”

(Probando Su Palabra 64-0816)

Hace unos domingos, escuchamos a nuestro profeta que predicó este sermón. Yo había preparado algunos regalos para expresar el aprecio que siento por los creyentes en la iglesia, y para conmemorar la sanidad de mi hermana de la neumonía y de una muerta cierta; también por ella volver a dedicar su vida a nuestro Señor Jesucristo. Había estado pensando en que celebramos toda clase de cosas en nuestras vidas, entonces ¿por qué no algo maravilloso que Dios ha hecho? Por tanto, Él había puesto en mi corazón, por algún tiempo, repartir estas pequeñas muestras de cariño allí a mis hermanos. Pero, con todo, me preguntaba si esto estaba correcto y si en realidad era Escritural. Esa pequeña duda me perturbó un poco y me había frenado por un tiempo de hacer lo que sentía que debía hacer, anterior a ese domingo. Pero verdaderamente siento que esta demora había sido parte de la guianza de Dios.

Cuando el Mensaje comenzó esa mañana, de lo primero que el Hermano Branham habló fue una cesión de preguntas y respuestas que seguiría, en la cual, como ejemplo, una de las preguntas era acerca de el esposo; si lo estaba acompañando a uno a la iglesia. Yo me casé con un marido incrédulo y esto despertó mi interés. Después él habló de una hermana que le dio un regalo a la Hermana Meda, y acerca de que él había recibido los regalitos que los creyentes le habían enviado, y expresó su agradecimiento por ellos. Yo siempre le había escuchado a él decir que si queríamos hacer algo por Dios, que debíamos hacer algo por los creyentes. Mi duda había quedado resuelta. Pero eso no era todo lo que había para mí…

Ya mi corazón había quedado satisfecho con lo que él había dicho, pero yo escuchaba bajo una gran expectativa por más cumplimientos maravillosos de la Palabra de Dios y Sus promesas. Pensé: “Señor Jesús, yo creo que en este Mensaje, Tú me darás respuesta a toda duda en mi corazón, y me has de probar que Tú eres un Dios del tiempo presente”. Yo escuchaba bajo mucha expectativa la voz del profeta.

Las Escrituras que leyó, eran Marcos 5:21 en adelante (la mujer con el flujo de sangre que tocó la vestidura de Jesús y fue sanada, y la niña de Jairo de doce años que fue resucitada de los muertos) y en I de Reyes 10 (La reina de Saba que había ido a Salomón y toda duda que había tenido, le había sido resuelta por él). Yo era esa mujer con el flujo de sangre. Problema femenino (como dice el Hermano Branham) me había afligido desde los trece años, y yo había orado por liberación desde que llegué a creer y comencé a seguir al profeta de Dios para este tiempo del fin. La niña que fue resucitada de la muerte era mi hermana, que pasó dos semanas en el hospital muriendo de neumonía, y el Señor Jesús la sanó. Y, no es solamente eso, sino que ella venía huyendo del Señor y Sus caminos, así que también fue resucitada de muerte espiritual, cuando confesó su error y le entregó de nuevo su corazón a Jesús. Las preguntas que la reina de Saba le hizo al rey Salomón, eran igual a las que yo buscaba respuesta de parte del Señor y Dios. Verdaderamente fui bendecida con tan sólo unos minutos de oír esa Voz.

La oración que siguió, del Hermano Branham, era así: “Señor Jesús, leyendo estas historias de la Biblia, nuestros corazón palpitan de gozo. Pues, sabemos que Tú eres Dios y no cambias. Nunca cambias Tus métodos, Tus maneras nunca cambian, Tú permaneces Dios para siempre. Y oramos, Dios, que nos traigas la interpretación en esta mañana, de estas Escrituras que quieres que nosotros sepamos, que nuestros corazones sean discernidos; que el gran Espíritu Santo venga entre nosotros y discierna nuestros pensamientos y nuestros corazones”. Esto fue predicado hace más de 45 años, pero ha sido conservado para nosotros, siendo tan privilegiados de escucharlo hoy; esa Palabra ungida fue probada muy veraz.

A medida que sonaba el Mensaje, sentí que había desenterrado un gran tesoro, una verdadera fuente de bendiciones muy abundantes de Dios. Cuando la porción del servicio de la línea de oración comenzó, sentí como si el corazón me fuera a reventar el pecho del gozo. No respiraba en anticipación a lo que sucedería. Él preguntó: “¿Cree Ud. que Él probará esa Palabra?”. Sabía que de parte mía, sí, con toda fibra de mi ser. El Mensaje fue muy real para mí. Le habló a la primera mujer, de una visión: “Ud. está aquí como resultado de algo que le ha sucedido. Ud. ha tenido neumonía, y ha estado en el hospital”. Ese Espíritu Santo pudo discernir el problema de mi hermana. Sus pulmones se habían debilitado como consecuencia. Yo alabé al Señor y continué creyendo que grandes cosas acontecerían. Otra hermana pasó, un poco después, con problema femenino y fue sanada. Mi fe ya volaba en las alturas. Alguien fue sanado de problemas estomacales, uno de hemorroides, otro de dolor de la columna. Todo demonio de enfermedad que me había asechado y me había impedido la salud perfecta, quedó expuesto en esa línea de oración, y supe que mi Dios verdaderamente había probado Su Palabra. Después del servicio, pasé adelante a compartir con los creyentes lo que sentí durante el Sermón, y para explicar por qué les había preparado chocolates y rollitos como recordatorios con citas de la Escritura acerca de la sanidad. Dios mismo se me había revelado a mí por medio de Su Voz y del Mensaje del Profeta, predicado hace más de cuatro décadas.

Yo quería mucho compartir este testimonio, por cuanto sé que nosotros los que escuchamos el Mensaje y que creemos con todo el corazón que Jesucristo es el mismo ayer y por los siglos, por fe, podemos ver a Dios que confirma Su Palabra. Espero que esto haya sido de bendición para ustedes y que pueda ser de bendición para los creyentes en todas partes. Dios se movió de una manera tan increíble, que en el Mensaje titulado “Probando Su Palabra”, Su Palabra realmente fue probada veraz en tiempo presente. Yo no puedo agradecerle o alabarlo lo suficiente por su misericordia y gracia para mí y por elegirme como parte de Su Novia escogida. Soy muy bendecida en que puedo servir al Dios vivo, Jesucristo.

¡Dios ricamente bendiga a todo aquél que lea esto, con experiencias aun mayores!

Su Hermana en Cristo Jesús,

Kavita