Banner Image
4.6.10
Un Día Especial

Hoy, se cumplen ciento y un años que el Señor envió un hombre a la Tierra para que Su Palabra cobrara vida. Desde su humilde comienzo en las colinas de Kentucky, a las grandes líneas de oración y las sanidades milagrosas que vindicaron su ministerio para el mundo, Dios constantemente probó que Él lo acompañaba. Y ese hombre continuó fiel a Dios sirviéndole a Su pueblo.

Desde luego, todos sabemos que ese hombre era el Hermano Branham. Por medio de él, el Señor nos mostró que habían almas que aún podían ser salvas, que los enfermos aún podían sanar, y los muertos podían resucitar.

La compasión del Hermano Branham por el pueblo de Dios y su obediencia a la Palabra de Dios resultó en tantos testimonios que si se escribieran libros, la Tierra misma no podría contener los tomos que saldrían. Tanto es, que aún hoy, miles de milagros se están llevando a cabo porque Él nos mostró que sí era posible.

El siguiente es uno de esos testimonios. Proviene de una hermana en Burkina Faso, África, que da testimonio que el Mensaje del Hermano Branham sigue tan cierto hoy como cuando él se paró al púlpito a orar por los enfermos.

¡Gloria al Señor Jesús!

El domingo, 16 de julio, 2009, después del servicio de la iglesia, nos encontrábamos en casa, muy contentos, cantándole alabanzas al Señor. Mi esposo estaba en una misión en Mali. Alrededor de las 6:00 PM, una amistad quiso bañar a mi bebé, Schamma-El Déborah. No sé si fue agua o jabón que le entró por la nariz al bebé, pero el bebé se desmayó sin que la hermana se percatara. Testifico ahora de lo bueno que fue tener a nuestra hermana en casa con toda su familia (su esposo y el niño).

En ese momento, yo venía de la sala, pero tuve el sentir de mirarlas, y vi que el bebé tenía la mirada fija y convulsionaba. Corrí, eché mano del bebé y comencé a introducirle aire por la nariz, pero no sucedía nada.

Entonces llamé al esposo de mi hermana, el hermano pastor, Mavoungou, que dormía en la otra habitación, y él vino rápidamente, tomó al bebé, e hizo todo lo que pudo en oración. Mi hermana y yo comenzamos a orar junto a otro hermano que nos acompañaba en casa, por más de una hora. La vida no le regresaba a la niña. Ella había dejado de respirar, su piel ahora estaba azul, con saliva blanca que le salía de la boca, y su labio superior y el vientre se le habían hinchado. Bueno, la niña ahora se había deformado y se veía muy mal.

Oramos casi por dos horas, pero no sucedía nada. La niña seguía sin vida.

Yo oré con todo mi corazón, confesé todos mis pecados, pero, nada. Ya estaba perdiendo toda esperanza. Quería gritar, pero una Voz me decía: “Si crees que Dios le puede devolver la vida a tu hija, ¿por qué quieres gritar? Si gritas, será el fin de tu niña”.

Antes de que el bebé naciera, yo había visto a mi profeta, William Marrion Branham en un sueño, y él me aseguró que yo tendría ese bebé. Y eso fue lo que aconteció. Por tanto, yo recordaba ese sueño, y fui a una habitación aparte. Me paré frente a la foto del profeta con la Columna de Fuego y dije: “Señor Jesús, Tú eres Dios y yo lo sé. Tú me prometiste este bebé por medio de Tu profeta en un sueño. Fiel a Tu Palabra, cumpliste Tu promesa. Pero en ningún momento dijiste que te la llevarías más adelante. La promesa es que todo estaría bien. Tú eres el Rey de reyes, el Señor de señores, el Dios Todopoderoso, Tú le prometiste Isaac a Abraham, pero no te llevaste a Isaac. Si Tú le devuelves la vida a mi hija, prometo que yo te serviré sin mentiras y sin hipocresía”.

Yo regresé, y sin ser conciente de lo que hacía, tomé a la niña, y comencé a empujar en su vientre. El esposo de mi hermana tuvo el sentir de hacer lo mismo. Para este momento, yo también comencé a introducirle aire por la nariz, diciendo: “¡Pobre diablo, empaca la maleta y vete! No puedes llevarte esta niña. Satanás, solo tienes poder cuando Dios te permite que obres. Sin Su permiso, no puedes hacer nada, y yo sé que Él no te permitirá que lo hagas, porque Él me dio esta niña”.

De repente, la niña defecó dos veces, ella pestañeó. Y antes ella tenía la mirada fija, ahora sus ojos estaban alertas y ella comenzó a respirar, después de más de dos horas. Su piel regresó a la normalidad, ella durmió por un rato, se despertó y amantó normal.

Unos minutos después, recibí una llamada de mi esposo. Respondí, y estaba temblando. Él me preguntó si todo estaba bien, sin que supiera nada de lo ocurrido. Le dije sí, sin contarle nada, esperando que regresara.

Hasta el día de hoy, nuestro bebé Schamma-El Déborah, está bien, para la gloria del Dios de Gloria.

¡Aleluya!

Hermanos y hermanas, sepan que Él es Dios.
La Hna. Victorine, Ouagadougou, Burkina Faso