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04.23.10
Buenas Noticias De Chile

El terremoto tan masivo que sacudió a Chile cobró cientos de vidas, dejó a miles sin casa y creó una situación desesperante entre la población de ese país. Aun con la gran necesidad entre el pueblo, hemos recibido testimonios de cómo algunos creyentes fueron librados de la destrucción causada por el terremoto. Ésta es una carta de un pastor y amigo en Chile.

Estimado Hermano Joseph:

Gracias por el interés y sus oraciones por nosotros. Podemos decir que el Dios Todopoderoso que habló por medio de Su Hijo de estas cosas que sucederían, profetizó que habría terremotos por todas partes. En esta ocasión el turno fue nuestro, no obstante, Su mano poderosa nos protegió de una destrucción terrible. Todos los hermanos, incluyendo a mi familia, se encuentran bien. Mi casa y el lugar que tenemos de adoración no sufrieron daños; es increíble pero cierto. ¡A Dios sea toda la gloria!

Siendo las 7 de la tarde, hora local, apenas me restablecen el servicio de electricidad y el Internet. Por esta razón no había podido dar respuesta a su correo. Las líneas del teléfono también estaban bloqueadas. Llévenos en oración, pues mientras escribo esta nota, nuevamente está temblando. Quisiera contarles mi testimonio de lo que viví la noche del terremoto.

Me acosté a la 1 am. después que oré; sentía una carga en el corazón por todos los hermanos y hermanas y por mi familia. No entendía por qué sentía esto.

Cuando comenzó el terremoto a las 6:20 am., el ruido era horrible, el movimiento en forma de olas me impidió ponerme de pie, y a pesar de todo, levanté las manos hacia mi refugio, la roca sólida, ¡Jesucristo! Después del movimiento de 1 minuto y 45 segundos, con una intensidad de 8,8 en magnitud, la familia se reunió en el primer piso para darle gracias a nuestro Salvador por Su protección. Todos salimos ilesos y nuestra casa no sufrió ningún daño. Después salimos a cerciorarnos que los vecinos estuvieran bien, y lo estaban. Luego hice una llamada al edificio en donde había trabajado por más de 20 años, pues este empleo me ha sido de gran bendición y a mi familia y a la obra de Dios. Por este medio he tenido los recursos para hacer viajes misioneros y demás, y también a los alrededores. Me fue informado que había caos allá, entonces decidí ir al lugar a pesar del peligro y de los vecinos que me decían que no fuera.

Llegué allá con Marcos, mi hijo, e inmediatamente comenzamos a ayudar a los residentes de los apartamentos que estaban encerrados, las puertas cerradas. No teníamos luz, estaba oscuro. Tuvimos que apagar los interruptores del gas y revisar el sistema de agua, el cual había colapsado. Cuando pasamos por las gradas, me vino a mente el edificio de nuestro tabernáculo, por lo que enseguida nos fuimos avanzando lentamente por las calles destruidas hacia Hualpen, a nuestro tabernáculo.

Nos tardamos bastante en llegar allá. Había mucho polvo en el aire, y finalmente, cuando llegamos, sentí alivio cuando paré en mi auto al frente de la iglesia. Con las luces altas del vehículo, pude ver que el edificio estaba de pie y sin daños. Entonces levanté las manos y dije: “Gracias Dios”. Entramos y verificamos que no hubiera daño interno.

Hemos estado tratando de llamar a la mayoría de nuestros hermanos y hermanas, y nos fue informado que salieron ilesos y sin daños a sus casas.

También he recibido informes de otras iglesias en los alrededores. Ha sido maravilloso recibir llamadas de otros pastores con los cuales no había hablado por algún tiempo. El amor fraternal nos da a saber de nuestros hermanos en la Fe. Nos enteramos que sólo habían tenido algunos daños materiales y lesiones menores, pero ninguna situación grave. Han pasado algunos días desde el terremoto, la calma está regresando, han restablecido los servicios básicos y también los alimentos, y esperamos prontamente regresar a la normalidad, a pesar de los movimientos que continúan.

Para concluir, nosotros podemos decir: “Gracias Dios, quien es fuerte y poderoso, y la Tierra está bajo Su mano y que con Su propia mano nos ha protegido, nos ha advertido del juicio que viene, pero nos ha dado tiempo para prepararnos”.

De todo corazón, gracias por preocuparse y por el amor Cristiano que nos ha expresado, también de parte de otros países del mundo. Dios lo bendiga.

Su hermano y pastor en las pruebas y tribulaciones,

Rodolfo Alvarez