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9.27.10
Actúa Ahora

Cuando Él hable, nosotros necesitamos actuar. Por lo general, el Señor no nos pone las bendiciones en el regazo. Muchas veces, nosotros necesitamos hacer algo antes que Él entre en la escena. El siguiente es un testimonio de un hermano en Arizona que escuchó al Señor que le habló a su corazón, y luego actuó correctamente.

Soy un contratista que construye en Arizona. Nuestro negocio firmó un contrato con un cliente para fabricar un taller de gabinetes estilo garaje y oficinas a la vez. El proyecto no era complicado, resultó muy bien, y pudimos fabricar un proyecto de calidad.

Ya para terminar el proyecto, el hombre para el cual trabajábamos se tornó muy arrogante e imposible para trabajar; venía a diario a la obra buscando cualquier pretexto posible para renegar.

Cuando llegó la hora para recibir nuestro último pago, con todo ya terminado, él nos envió correo tras correo electrónico quejándose de nuestra actitud, del desorden en el lugar de trabajo, y cualquier cosa que se pudo imaginar como queja. Nos dejó saber que él NO planeaba pagarnos la suma completa por el trabajo. También le ordenó al director del proyecto que no pisara más el lugar.

Pasamos casi un mes procurando satisfacerlo y comunicarnos con él sin ningún éxito. Nos dimos cuenta que este hombre tenía dos ordenes de restricción y podía ser peligroso. El único recurso nuestro era tomar acción legal para recuperar nuestro dinero, que era una suma grande. No queríamos ir a la corte y no sabíamos cómo proceder.

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Un día mientras mi esposa, mi hijo joven y yo conducíamos, no muy lejos de donde él vivía, algo me habló al corazón: “Estamos pasando por Bowling Green”. Tan pronto como esto sucedió, recordé lo que dijo el Hermano Branham en la cinta acerca del Hermano Welch Evans. Había un hombre en Bowling Green (Kentucky) que le debía un dinero al Hermano Welch. El Hermano Branham vio una visión, y ellos fueron y recibieron el dinero mientras iban en camino a la Florida.

Le dije a mi esposa: “Voy a cruzar aquí para ir a la casa de este hombre por el dinero”. Fuimos a su puerta y tocamos. Él abrió y nos pidió entrar. Nos sentamos y comenzamos a hablar con él y su esposa. Un espíritu dulce de amor y confianza entró a la habitación, y en 15 minutos, el espíritu del hombre se derritió.

Él me preguntó como quería el restante del dinero. Le dije que en efectivo. Cuando el banco abrió de nuevo él fue e hizo el retiro, en efectivo, la cantidad completa. La Palabra de Dios nunca falla. Las palabras de nuestro profeta aún tienen vida.

La cita del Hermano Branham acerca del Hermano Evans está en el mensaje, Sabiduría Contra Fe, Jeffersonville, Indiana.


Regresó no mucho después y dijo que cierto hombre le compró un auto. Éste se fue y no lo pagó. ¿Ven? Dijo: “Hermano Branham…”.

Pensé: “¡Pobre hombre!”. Le debía cuatrocientos dólares. Le dije: “Oré”. Yo envié la Palabra. La Palabra fue, captó su rastro, lo encontró.

Cuando fuimos a buscar al hombre, él nunca había sido Cristiano (¿ven?), él—él… Él se rió. Ellos lo invitaron a la iglesia cierta vez, él dijo: “Bueno, mientras el predicador esté predicando yo buscaré rubias bonitas”. Así que (¿ven Uds.?), no se puede encontrar… Seguro. Ése—ése—ése es el diablo, lo es. ¿Ven? Así que la Palabra no pudo agarrarlo. ¿Pero qué hizo la Palabra? Lo estuvo vigilando. ¿Ven? No sólo… El Hermano Welch continuó aferrándose, decía: “Estará bien, estará bien”. La Palabra salió tras él. ¿Ven? “Si permanecéis en Mí y Mi Palabra en vosotros, pedid lo que queráis”. ¿Ven? La Palabra fue tras él.

Cuando menos lo imaginamos, uno de sus hijos iba conduciendo acá por la calle, y allí estaba. Vio al hombre en el auto, apuntó su número, se lo dio al Hermano Woods. Ellos llamaron para averiguar dónde estaba. Él estaba en Bowling Green.

Dios en el Cielo sabe que yo nunca oí una palabra al respecto, no sabía nada al respecto. El domingo pasado (hace una semana) en la tarde, cuando terminamos de predicar aquí, fui y me cambié de ropa, y me preparé para ir a la Florida, para el… o allá con el Hermano Welch para las reuniones esa noche siguiente. Cuando entré en el auto, vi a ese hombre. Yo dije: “Hermano Welch…”. Ahora, yo no podía decirle. Él mismo tenía que actuar (¿ven?), al igual que Meda tenía que tomar su decisión allí. ¿Ven? Yo dije: “Pasaremos por Bowling Green”.

Él dijo: “Eso es casi treinta millas de desvío [48 Km.]”.

Tomamos el camino. Pensé: “Oh, él—él—él lo—lo captará (¿ven?), él lo captará. ¿Ven? Él tiene que captarlo”.

Fuimos hacia allá, la Hermana Evans y yo… Y después de un rato, él dijo: “Sabe qué, Hermano Branham” dijo él, “¿habré sido yo tan cabeza dura?”. Dijo: “Ud. dijo Bowling Green hace un rato”.

“Sí”.

Él dijo: “¿Recuerda a ese hombre que se quedó con mi dinero, que se fue con él?”.

“Sí”.

Dijo: “Él está en Bowling Green y yo he estado pensando… Tengo aquí una cosita. Voy a abrirla para averiguar dónde es que está. Luego voy a tratar…”. Yo le dije…

Dijo: “¿Qué haría Ud.? ¿Iría allá por su dinero?”.

Ahora, vean, si le hubiera dicho, entonces… ¿Ven? Él mismo tiene algo por hacer. ¿Ven? Había algo que él tenía que hacer. Yo no podía decirle. Si lo hubiera hecho, hubiera dañado allí mismo la visión. ¿Ven? Así que yo tenía que dejar… ¿Ven? Igual como…

¿Por qué se paró Jesús allí y les dijo a María y a Marta: “Quitad la piedra”? Pues, Él era Dios. Él podía haber dicho: “Piedra, no existas más”, y no hubiera estado allí. Pero era algo que ella tenía que hacer.

¿Por qué se paró Él allí y miró la mies? ¿Creen Uds. que Él fue el Señor de la mies? [La congregación dice: "Amén".—Ed.] Él les dijo a Sus discípulos: “Oren Uds. al Señor de la mies para que envíe obreros a Su mies”. En otras palabras: “Uds. pídanme que haga lo que voy a hacer”. ¿Ven?

Somos amigos. Somos—somos… Es una Iglesia. Nosotros mismos tenemos algo que hacer. Uds. tienen algo que hacer. Aquí está el Evangelio, yo lo sé, pero si uno se queda sentado aquí y no lo predica, ¿qué provecho tendrá? ¿Ven? Uds. tienen algo que hacer; Uds. tienen que hacer un esfuerzo. Uds. tienen… Ud. dice: “Pues, yo creo que Dios puede sanar, pero no sé”. Párese y deje que esa Palabra llegue a ser la palabra suya. Créala; no la razone; sólo créala.

Yo dije: “Pues…”. Sabía que si él no iba, lo perdería. Dije: “Si fuera yo, si fuera yo, iría por mi dinero ahora mismo”; y él lo hizo. Cuando despertó al hombre de la cama, él tenía parte del dinero. Él llamó al vecino, y completó el resto, lo pagó.

¿Qué es? Es la Palabra. ¿Ven? Si Ella puede encontrar cabida, Ella puede obrar. Ahora, es igual con la sanidad Divina.

Ahora, ¿qué tal si el Hermano Welch hubiera dicho: “Pues, no pienso que iré por allá; pienso que iré por el otro camino?”. ¿Qué si el hombre hubiera dicho: “Pues, no voy a ir por allá adonde no está el auto”? ¿Ven? Eso no se cumple.

Pero uno tiene que creer. Uno tiene que creerlo. Y eso es… Eso entonces cae en una atmósfera de fe, y tiene que producirlo; tiene que hacerlo. Oh, es…

62-0401 Sabiduría Contra Fe