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9.9.2011
Estén Ciertos De Dios

Recibimos este testimonio de una hermana en Surinam.

Exactamente a las 9:15 AM en Paramaribo, Surinam, mi familia y yo nos sentamos y oímos la cinta titulada: “Estén Ciertos De Dios”.

El Señor puso en el corazón del Hermano José que todos los que no pudieran asistir al campamento de jóvenes, deberían oír esta cinta para poder tener nuestro “momento a solas” con Dios. Hace mucho tiempo nuestra familia y yo no escuchábamos tan intensamente una cinta un día sábado que no fuera en un servicio de la iglesia.

Suriname

Después del servicio, recibí una llamada telefónica de una hermana que vive en la aldea de Pikin Saron, casi a una hora y media de la iglesia en Paramaribo. Ellos conducen todo ese trayecto para escuchar el Mensaje de esta hora.

En llantos me contó que un rayo la había impactado a ella y a su hijo de tres años, Joel.

Mientras comía en el balcón, ella le pidió a Joel que le trajera agua porque tenía sed. Cuando él corrió afuera por el agua, un rayo dio sobre la lámpara con un gran estruendo. Ella tenía una cuchara en la mano y el poder de la electricidad la golpeó por unos segundos. Me dijo que se sentía como si alguien le hubiera disparado.

Después de unos minutos se dio cuenta que su hijo Joel no estaba por ninguna parte, así que salió en busca de él. Cuando salió de la casa lo encontró tendido en el suelo. Ella rápidamente corrió hacia él y lo llamó pero no hubo respuesta. Estaba inconsciente. Ella comenzó a gritar y lo sacudió, pero ¡Joel estaba muerto!

Mientras tanto, su hija Rebecca vino corriendo al oír los gritos de su mamá, y cayó al suelo cuando vio a su hermano muerto. La Hna. Cherryl comenzó a clamar y a gritar: “No Señor, esto no puede ser, yo soy tu hija. ¡Yo creo! ¡No Señor, despierta a Joel, en el Nombre de Jesucristo!”.

En ese momento, Joel abrió sus ojos y gritó fuertemente, y comenzó a llorar.

¡Él regresó a la vida, amén!

¡La Hna. Cherryl y su hija Rebecca comenzaron a glorificar al Señor por lo que había hecho, y las dos son testigos de este milagro!

¡La Hna. Cherryl estuvo cierta de Dios!

¡Dios los bendiga a todos, yo estoy segura de Él, amén!

Escribo este testimonio de parte de la Hna. Cherryl y el Hno. Edgar de Surinam.

La Hna. Jenny.