Banner Image
11.15.2011
Desde Ese Entonces

Hermano, permítame aconsejarlo. Si Ud. no ha conocido a Dios cara a cara, permítame decirle algo: permanezca Ud. en ese altar. Simplemente quédese allí hasta que Ud. conozca a Dios. Entonces Ud. podrá apuntar a esa noche del año nuevo, y no decir: “Di vuelta a una página nueva, hice un voto nuevo” sino, “desde ese momento yo conocí a Dios, y la vida cambió y las cosas fueron diferentes, y para mí todo vino a ser nuevo otra vez, desde ese entonces”; esa vez que Ud. conoció a Dios.

59-1231 Y Desde Entonces

Nuestras vidas parecen desmoronarse alrededor de nosotros, pero nuestro Padre Celestial está vigilando atentamente cada movimiento. Todos llegamos a ese punto del cual habló el Hermano Branham: ese momento cuando miramos atrás y decimos: “Desde ese entonces…”

Dios ricamente los bendiga mis preciosos hermanos y hermanas. Me gustaría compartir este testimonio con Uds. de lo que el Señor en Su Sublime Gracia hizo por mí. Yo perdí todo en mi vida después de prestar servicio militar por tres años, viví una vida de alboroto y anduve muy descarriado. Sufrí muchas pesadillas y opresiones cuando salí del ejército.

De repente, de la nada, algo me dijo: “¿Por qué no regresas al ejército del Señor?”.

Fue muy extraño, pues desde el momento que entré allí, no había pensado ni una sola vez del Hermano Branham. Aun cuando la gente me decía Cristiano, les decía que no lo hicieran, porque yo no estaba viviendo como es debido de un Cristiano.

Después que salí del ejército, regresé al colegio. Tuve algunos problemas en casa y una vez más me volví a ir. Trabajé exitosamente por todo un año. Luego, igual como antes, todo se desplomó. Cosa por cosa: las amistades, luego perdí mi casa, y unas noches después de estar durmiendo en mi auto, perdí mi empleo. Entonces llamé a mi pastor de la ciudad de la que huí, y él me dijo que sencillamente regresara a casa, lo cual hice.

Imagínense la vergüenza de regresar a casa por segunda vez, después de salir huyendo en vergüenza y desgracia, nuevamente sin nada que mostrar.

Luego las cosas pasaron de mal a peor. Una de las cosas que yo más había valorado, el Señor me hizo dejarla. Hago énfasis en la palabra “me hizo” pues (que Dios me perdone), yo me le opuse hasta cuando más pude para no dejar eso.

Luego, después de perder esa batalla, lo cual yo diría que fue la gota que llenó la copa, me deprimí demasiado y comencé a considerar el suicidio.

Cada domingo, camino a la iglesia, por un tiempo, yo tenía que cruzar un cierto puente. Mientras iba conduciendo, el enemigo me decía que estacionara la furgoneta y que corriera y saltara, pues si caminaba hasta el borde del puente, yo lo pensaría demasiado y no lo haría.

Le doy las gracias a Dios por Su Palabra y por el Hermano Branham, pues finalmente me cansé de las voces y me puse a buscar citas para ver lo que el Hermano Branham decía del suicidio. Bien, después que pude ver que era el diablo, dejé eso quieto, pero aún tenía ese vacío de esa perdida anterior.

Unos meses después, conseguí un empleo como guarda de seguridad, y mientras patrullaba, pasaba un cierto lugar de construcción en mis rondas nocturnas. Así que en este lugar grande y vacío, recuerdo que alababa al Señor en medio de mi tribulación. Y así cada noche durante semanas, entristecido, yo levantaba mis manos y gritaba: “¡Alabado sea el Señor!”, en este gran espacio abierto.

Entonces una noche llegó ese enfrentamiento. El enemigo vino a mí y me dijo: “Cada vez que logras construir algo, Dios lo tira al suelo”.

Yo me detuve a pensar, entonces dije: “No, ¡tú lo tiras al suelo, Satanás! Cada vez que yo construyo algo, tú vienes con esa maldad y lo derribas”.

De repente, algo en mí se levantó. Comencé a orar. Yo dije: “Señor: Así nunca me concedas lo que yo te pida, así no me respondas otra petición, Señor, a pesar de todo, yo te serviré todos los días de mi vida, no importa lo que suceda, yo te serviré, Señor”.

Entonces dije: “Señor: sólo permíteme hollar al diablo bajo mis pies el resto de mis días”.

Santos, desde ese momento hay una gran diferencia en mi vida. Ha habido altibajos, pero poseo esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y yo creo toda la Palabra. Aun testifico que yo creo que el Mensaje de Malaquías 4 es nada menos que el Señor Jesucristo Mismo.

Yo oro por Uds. allá en la Voz de Dios, por las batallas que enfrentan a diario y por esa labor tan maravillosa que hacen. Yo los aprecio a cada uno y los amo a todos. Gracias y que el Señor los bendiga ricamente.

Su hermano en Cristo,

Anton