09/01/2017
Si tan solo podéis creer

Pero Él me dijo, por medio de ese Ángel: “Nada impedirá tu oración si eres sincero y logras que la gente te crea”.

Los hijos de Israel (47-1123)

Recibimos este testimonio de una madre que creyó que su bebé sanaría y esa misma fe la condujo a su propia sanidad. De nuevo, el Señor nos muestra que si creemos, no hay razón por la que se nos niegue nuestra petición.

El Señor se interesa en los pequeños detalles de nuestras vidas y me lo demostró esta última semana de Acción de Gracias. ¡Ciertamente tengo mucho que agradecer! Tengo una niña de seis meses llamada Bethany. Ella es una bebé muy alegre y saludable, pero desde que nació la molestaban problemas estomacales, especialmente cuando yo consumía lácteos. Siempre que lo hacía, ella sufría de dolores fuertes de estómago, gases y diarrea por unos días. Cuando cumplió un mes, nos percatamos de eso, así que suspendí los lácteos y esto pareció solucionarlo, a menos que me descuidara, lo cual, desafortunadamente, ocurría a menudo. Y parecía que con el pasar de las semanas la situación se agravaba. En su control semestral, le pregunté al médico a qué debíamos atenernos cuando ella tuviera edad de alimentarse por sí misma. El médico me garantizó que la mayoría de los bebés se sobreponían a eso a medida que crecían, así que no debía angustiarme. Sin embargo, como lo entenderían la mayoría de las madres, es difícil no preocuparse por nuestros niños. El próximo miércoles por la noche, escuchamos La fe de Abraham en el Tabernáculo Branham. Al comienzo de la cinta, el Hermano Branham se dirigió a las personas aún enfermas de la congregación.

Porque después de las grandes obras que ha hecho el Señor, aún veo tres sillas de ruedas aquí y dos catres. Ahora bien, no sé, quizás sea una de sus primeras noches; no lo sé. Pero así no debería ser. Deberían estar sanos. No hay razón por la que una persona pueda dejar una silla de ruedas y la otra quedarse allí. No va conforme a nuestro Padre celestial hacer esas cosas.

La fe de Abraham (59-0415E)

Me avergüenza decir que, cuando oí esta cita, menosprecié a las personas que mencionó. Pensé que si se tratara de mí, me sentiría avergonzada. ¡No sabía que me hablaba a mí! Al final de la cinta, el Hermano Branham llamó en la línea de oración a una mujer que sufría del estómago.

¿Cree, hermana? ¿Cree que ahora puede ir a comer? ¿Cree que su problema estomacal terminó? Muy bien, siga. Así es. Y que Dios la bendiga. Amén.

La fe de Abraham (59-0415E)

En ese momento, estaba sosteniendo a Bethany por el vientre. Entonces me sobrevino: ¡estaba resignándome a esa dolencia de mí niña, sin siquiera pedirle al Señor su sanidad! ¡El Hermano Branham estaba hablándome al principio de la cinta! Oré al Señor para que me perdonara por no haberle pedido que la aliviara desde los primeros síntomas. Le pedí que la sanara en el Nombre del Señor Jesucristo. Sentí que una gran paz nos inundó y supe que había concluido.

Durante la próxima semana, el diablo me atacó mucho. Nuevamente, me avergüenza decir que prescindí de los lácteos. Trataba de convencerme de que la razón era que los lácteos que había en la casa no me apetecían, pero en el fondo sí me preocupaba. ¡Oh!, el Señor es tan misericordioso con Sus hijos. ¡Cómo era posible que mí fe aún no bastara para aceptar lo que Él ya había hecho! La noche anterior al Día de Acción de Gracias, mi familia estaba comiendo cereal. Después de servirles a nuestras dos otras hijas, mi esposo me miró y me preguntó si quería. Sin el menor titubeo, asentí. Él me miró un poco desconcertado y preguntó si no afectaría a Bethany que yo tomara leche. De nuevo, sin vacilar, respondí que no. Sentí que mi fe aumentó y luego sentí en mí corazón que debía declarar su sanidad.

Unos domingos atrás, el Hermano Joseph señaló las palabras del Hermano Branham sobre confesar la sanidad con nuestros labios. Si uno lo testifica y lo cree, se fortalecerá en el Señor y entonces el diablo huirá. ¡Oh!, ¡es muy cierto!

Así que añadí: “Ya está sana”. Mi esposo sonrió diciendo: “Amén”, y todos empezamos a comer. Mientras tanto, me mantuve proclamando su sanidad, mirándola y anunciándole: “¡Ya estás sana, Bethany! ¡Jesús te sanó, Bethany!”. Por la noche, cuando la oía moverse, le repetía al diablo: “¡Ya está sana!”. Por lo general, después de que yo consumía lácteos, se despertaba gimiendo a media noche. Se despertó y estuvo inquieta por un momento. El diablo trató de persuadirme de que no estaba sana, pero yo le reiteré lo contrario. Y luego un Espíritu muy dulce descendió. Bethany abrió los ojos, me miró fijamente, sonrió y se volvió a dormir. ¡Supe que ahí recibió su sanidad! Al día siguiente, el resultado hubiera sido diarrea, pero se acabó. Por la gracia de Dios, nuestra bebé está sana ¡y desde entonces no ha sufrido de esos problemas ni una sola vez!

El Señor es tan bondadoso con Su pueblo. Quiero que Él reciba toda la gloria y honor por lo que hizo por mi familia y por mí. Estoy muy agradecida por este Mensaje, que nos enseña a poner nuestra fe en acción y nunca conformarnos con lo que el diablo nos arroje, sin importar lo insignificante que parezca. También quiero agradecer al Señor por sanarme de pérdida de cabello dentro de solo tres días. También es un detalle poco importante. El diablo me dijo que era de esperarse tras dar a luz un bebé. Pero yo quería conservarlo porque es mi gloria y nunca lo he visto tan largo. Por tanto, nuevamente el Señor me dirigió a proclamar mi sanidad con mis labios y testificar que dejaría de caerse. Amigos, ¡así ocurrió esa misma noche! ¡Gloria al Señor! ¡Es muy bondadoso conmigo! Lamento haberme extendido tanto, ¡pero no podía omitir nada! Espero que esto aliente a la Novia de Cristo.

El Señor los bendiga,

La Hermana Hope

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