09/10/2017
¡Oh, amor de Dios!

23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Lucas 14:23

En lo profundo de una de las ciudades más pobladas de la tierra, Ciudad de México, entre callejones y barrios marginales, hay un grupo de muchachos de las Cintas atendiendo los negocios del Padre.

En esta expansión urbana de 21 millones de habitantes, los hermanos están irradiando la Luz donde muchos no lo esperarían. Están llevando a cabo servicios de Cinta en una clínica que asila a hombres que luchan contra el demonio del alcohol y las drogas.

El Hermano Israel Torres, quien tras quince años halló liberación del mismo demonio, sigue un llamamiento en su vida de hablar sobre la libertad que recibió un día a las tres de la madrugada mientras estaba postrado en el suelo de su sala. Les anuncia que Dios envió a un profeta y que una Voz se ha manifestado en estos últimos días para proveer una vía de escape de las cadenas que han sometido sus vidas.

Es la esperanza que jamás imaginaron que existía:

Me llamo Israel Olivar Torres y vivo en Ciudad de México. Quiero compartir mi testimonio. Yo era drogadicto y alcohólico; probé toda clase de drogas.

Durante quince años no pude superar la drogadicción. Visité muchas iglesias y acudí a Alcohólicos Anónimos, pero nada me ayudó a sobreponerme a la drogadicción, hermanos.

Recuerdo que cierta noche consumí drogas y regresé a casa como a las tres de la madrugada. Entré a la sala y eché mano de una cinta de William Branham, nuestro profeta. Escogí Solo una vez más, Señor y, hermanos, me identifiqué con Sansón esa noche.

Durante la oración del Hermano Branham, se manifestó en el cuarto una unción poderosa y genuina, ¡y recibí una liberación total! Se lo agradezco a Dios y ahora creo con todo mi corazón que Dios me llamó a participar en el ministerio de las cintas.

No me avergüenza que me llamen muchacho de las Cintas y en nuestra congregación colocamos las Cintas. Me reúno con unos hermanos y vamos a los grupos de Alcohólicos Anónimos para colocar las cintas. En efecto, este es un ministerio viviente.

Por medio de este ministerio, hemos presenciado entre la gente salvación, sanidad y liberación.

Agradecemos a Dios por el almacén y el liderazgo de nuestro Hermano Joseph. Creemos que nuestra vida se ha realizado al ver al Hermano Joseph tras el púlpito y Dios dirigiéndolo en su corazón para escoger la cinta que se escuchará. Su vida ha sido una bendición para nuestra congregación.

Que Dios los bendiga,

El Hermano Israel

Ciudad de México, México

Probablemente no pueden identificarse con las mismas tinieblas de las que estos hombres intentan escapar o quizás sí; pero con toda seguridad cada hijo de Dios puede testificar de un Poder que lo halló y lo libertó de una vida abocada al infierno del diablo. Es el mismo Poder que obra en esa habitación de Ciudad de México y entre la Novia de todo el mundo. Muchos de nosotros lo llamamos el Amor de Dios.

¡Oh!, Dios, proyecta Tu amor a los perdidos esta noche. Hazles saber lo que hiciste cuando viniste aquí a la tierra y moriste en su lugar; te volviste feo y te convertiste en muerte por ellos. Dios hecho muerte, el Dios inmortal se humilló en el vientre de una mujer para convertirse en muerte y pecado, para quitarnos nuestra fealdad y culpa. ¡Oh!, es demasiado para mi corazón, Señor. No lo puedo entender. ¿Por qué lo hiciste? ¿Cómo me tuviste en cuenta, un pobre muchacho de un borracho, sin Dios y sin esperanza y por gracia salvaste mi alma?

Y esta noche suenan las campanas de gozo celestiales; si vienes por mí esta noche, muy bien, Señor. Me alegro tanto por Ti, me alegro tanto de que podemos presentarle a un mundo tembloroso y moribundo, bajo el impacto de una edad atómica, pero presentarle un amor que ninguna bomba ni nada puede detener.

¡Oh, amor de Dios! Brotando está,

Inmensurable eternal;

Por las edades durará,

Inagotable raudal.

Amor (56-0726)

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