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10.26.09
Del Pasado: Nació Sin Ojos (Continuación)

Lo siguiente es la continuación del testimonio del hermano que atestiguó el poder de la oración del profeta, publicado originalmente en julio de 1996 en Lifeline.

Él oró por ella una segunda vez. Igual, nada había cambiado en cuanto a su apariencia. La tercera vez, sin embargo, el profeta de Dios le puso las manos sobre el rostro, cubriendo las cuencas vacías que estaban a plena vista. Su oración fue sencilla: “Señor Jesús, pon los ojos Tuyos en ella”. Tuvo allí puestas sus manos unos segundos, tal vez por un minuto, sobre las cuencas de sus ojos antes de pronunciar: “¡Allí tienes, cariño!”.

Cuando quitó las manos de su rostro, ¡había ojos donde antes eran cuencas vacías!

Él llamó al joven Cristiano por nombre y le dijo: “¿Quieres pasar acá a poner tus dedos en sus ojos”.

¡En obediencia, el joven subió y muy, muy suavemente tocó las pestañas oscuras y largas de la niña que momentos antes había estado parada a unos pies de él con las cuencas de los ojos vacíos! “No sólo había ojos en esas cuencas” dijo él, “¡sino que eran ojos franceses!”.

¡Como resultado de este milagro, los dos, la madre y el padre, se arrepintieron de sus pecados y aceptaron al Señor Jesús como el Salvador personal!

Nuestro joven Cristiano hoy es un hermano anciano. Él no recuerda el apellido de la familia ni sabe del destino de ellos, sólo que de ese día en adelante sirvieron al Señor.

En algún lugar en el Canadá es muy probable que haya una señora de mediana edad, con ojos excepcionalmente hermosos de color café. Tal vez ella no recuerde mucho de esa noche de agosto hace casi medio siglo, pero ciertamente que puede decir como el hombre del capítulo 9 de Juan: “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”.

Y Él salió de inmediato, y había allí un hombre que no tenía ojos en sus cuencas. Y haciendo un lodo se lo untó en los ojos, le dijo: “Ve a lavarte en el estanque de Siloé”. Y habiéndolo hecho, regresó viendo.

Las Realidades Infalibles Del Dios Vivo 60-0626

Estimado amigo Cristiano,

Qué tal si...

Nos preguntamos con frecuencia, ¿qué tal si esto no hubiera ocurrido? O ¿Qué si eso jamás se hubiera llevado a cabo? Mientras meditamos en el testimonio en la publicación de Lifeline de este mes, no podemos evitar preguntarnos: “¿Qué tal si este hombre Cristiano no hubiera estado dispuesto a testificarle a esta familia?”. De haber sido el caso, usted no estaría leyendo hoy este testimonio, la niña no hubiera recibido sus ojos nuevos, y sus padres tal vez no hubieran aceptado al Señor.

Como Cristianos, tenemos el deber de compartir con otros lo que hemos visto y oído. El Hermano Branham dijo: “Tal vez Ud. no pueda cruzar el mar, pero sí puede cruzar la calle. Hagamos algo. Hagamos algo para la gloria de Dios”.

Y yo-yo haré mi deber como Cristiano; yo testificaré.

Jesucristo El Mismo Hoy, Ayer, Y Por Los Siglos
61-0516A