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11.20.09
Sintiendo Compasión, Lo Tocó

Hay miles de librerías de VGR alrededor del mundo. Muchas de estas librerías están en iglesias del Mensaje y son usadas con regularidad por la congregación. Otras quedan en oficinas de VGR. El siguiente testimonio viene de nuestra oficina en Windhoek, Namibia, donde la librería que tienen se le está dando buen uso.

El Hermano Mordecai es un joven sincero de la República Democrática del Congo, quien ama mucho el Mensaje del Hermano Branham. Él visita con mucha frecuencia la librería, de donde obtiene su fortaleza espiritual al oír durante incontables horas el Mensaje de esta hora. Desde su conversión de Musulmán, él ama tanto el ministerio de las cintas que escucha hasta cinco Mensajes por día, cuando no está ocupado con sus estudios. Al pasar todo este tiempo bajo la unción del ministerio de Elías, y al vivir ese Mensaje, las señales ciertamente seguirán a este creyente. Aquí tenemos uno de sus increíbles testimonios.

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Cuando el Hermano Mordecai llegó a Namibia para sus estudios, conocía muy pocas personas, y cuando apenas llegaba, le fue presentado el señor Pacheko, quien le ofreció un lugar para pasar la noche. Al día siguiente él se marchó, y después de algunos meses, oyó que el señor Pacheko se había enfermado. Su pierna izquierda estaba gravemente hinchada, y también se había lastimado la columna, a tal grado que no podía caminar.

El Hermano Mordecai visitó al señor Pacheko y sintió verdadera compasión por él. Sintió que algo lo impulsó a que impusiera las manos sobre su pierna. Él no ofreció oración, simplemente tocó la pierna, sintiendo mucha compasión por el hombre. Él a duras penas podía conciliar el sueño, por tanto dolor en su pierna, y a veces tenía que pedirle a su esposa que lo ayudara si quería darse vuelta en la cama, pues no podía por su cuenta. Por su enfermedad también perdió su empleo como guardia de seguridad, pues ya no le era posible cumplir con sus deberes.

Esa noche, después de que con tanta compasión fue tocado, él durmió muy bien por primera vez en muchos meses. Después de una semana, la pierna se desinflamó, su pierna se normalizó, su columna fue sanada completamente, y él pudo una vez más buscar otro empleo para sustentar a su familia. El señor Pacheko consiguió empleo en otra compañía y está completamente sano, y hoy, por la gracia de Dios, puede proveer para su familia.

Después que el señor Pacheko fue sanado, una señora que venía y oraba por él y lo ungía con aceite “especial”, le preguntó qué había sucedido. Ella era miembro de la Iglesia Universal, donde le vendían este aceite de unción a un gran precio, y ella después se lo puso en la pierna, pero sin resultado alguno.

Por tanto, ella le preguntó qué había sucedido, y él le contó el testimonio acerca de un individuo que vino y simplemente le puso las manos, y desde entonces él quedó sano. Ella después contactó al Hermano Mordecai para indagar de él cómo lo había hecho, y por qué poder lo estaba haciendo. Ella le contó acerca de cómo había comprado el aceite, y muchas veces había ungido a Pacheko, pero sin ningún resultado.

El Hermano Mordecai enseguida comenzó a compartirle el testimonio acerca de cómo Dios había enviado un profeta y de lo que Dios hizo en esta edad. El hermano le compartió de la visita del Ángel al profeta y de cómo le había dicho que si lograba que la gente le creyera, ninguna enfermedad podría hacerle frente. Rodeado de tantos testigos, él mantuvo esa promesa en mente cuando le impuso las manos al hombre, sabiendo que Dios es capaz de cumplir Su Palabra, aun hoy. Otra Escritura también dice que ellos [los creyentes], pondrían las manos sobre los enfermos y ellos sanarían, y eso fue lo que él hizo. El Hermano Mordecai continúa hoy dándole la Palabra al señor Pacheko, esforzándose en comunicarle que Cristo, que le sanó el cuerpo, también le puede sanar el alma.



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