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1.23.2012
Testigo

¿Cuál es la diferencia? Nosotros vemos misioneros en bicicletas o yendo de puerta en puerta, con la esperanza de conseguir un convertido para su denominación. Se olvida muchas veces que las personas tan solo necesitan un poco de ayuda. Nosotros somos siervos del pueblo de Dios, y generalmente brindar ayuda junto con su testimonio dará buenos resultados.

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Durante la época festiva, tuve una experiencia que me enseñó una pequeña lección, que nunca debo estar demasiado ocupado como para detenerme para ayudar a alguien. Un día en particular estábamos trabajando con otro hermano en la parte de atrás del edificio de la iglesia, queriendo terminar cierta cantidad de trabajo antes de concluir el día, pues teníamos servicio esa noche.

Más temprano ese día, vine al frente de la propiedad por algo en el estacionamiento, al cruzar la carretera del tabernáculo, y vi a un hombre con un viejo auto blanco estacionado debajo del único árbol del estacionamiento. Él estaba debajo del capó de su auto, y era aparente que estaba teniendo algún problema mecánico que quería resolver. No le di mucha importancia, pues tenía la mente en mi labor y regresé allá atrás.

Más tarde, para el medio día, vine al frente de nuevo por otra cosa, y vi que el hombre aún estaba allí, y esta vez tenía compañía. Dos jóvenes bien vestidos, de una denominación destacada estaban con él, aparentemente queriendo convencer al hombre que leyera de un libro que tenían. Me acerqué hasta que pude oír lo que decían, pero de alguna manera no me sentí guiado a intervenir, especialmente porque estaba bastante ocupado. Una vez más regresé a mi labor.

Finalmente, ya terminando el día, habiendo terminado nuestra labor, el hermano y yo nos dimos prisa hacia el auto estacionado, pues yo tenía que dejarlo a él en casa y luego yo mismo ir a casa y prepararme para el servicio esa noche. Para sorpresa mía, el hombre aún estaba allí, esta vez sólo, con la cabeza debajo del capó.

Les seré sincero, lo pensé dos veces de ir a ayudarlo, pensando en el poco tiempo que tenía antes del servicio.

De alguna manera, le di un grito “¿ya estará terminando?”. Él gritó “¡en realidad, no! ¡Necesito ayuda!”. Ahora, todos sabemos que el Hermano Branham nos dijo de todo lo que sabía un conejo de zapatos de raqueta para la nieve, y así mismo es para mí con los motores de los vehículos (no es alarde). Aun no queriendo el compromiso, le grité: “¡Pero yo no sé mucho de autos!”. Él respondió: “¡Sólo necesito aflojar un tornillo!”. Entonces fui hasta él, el hombre tenía una lesión de la columna que le restringía el uso pleno de las manos, y él no podía sostener el destornillador lo suficiente para aflojar la presilla de cierta manguera. (Para este momento me sentía bastante culpable). Él parecía tener una buena idea de su problema, pero necesitaba ayuda para arreglarlo. Él me señaló que soltara una manguera conectada al filtro de combustible, lo cual, según él era el problema.

Esto hice. Él entonces fue a girar la llave para confirmar el problema. Él me explicó lo que debía vigilar: Si no veía combustible salir del filtro entonces estaba tapado y necesitaba ser cambiado. Sin embargo, cuando giró la llave, el combustible salía normalmente. Ahora él había quedado estupefacto, ya no sabía qué hacer. Caminó por unos momentos rascándose la cabeza. Entonces él sacó un filtro de la cajuela del auto pero consciente ahora de que ése no era su problema. Entonces me pidió que cambiara el filtro, pues ya había quitado las mangueras. Esto también hice.

Después que terminé, él regresó a girar la llave sin éxito alguno, su semblante calló al saber que su auto no encendería. Mientras él caminaba hacia allá, yo sencillamente dije en mi corazón: “¡Señor Jesús, por favor ayuda a este hombre!”. Para sorpresa de él, encendió normalmente; para decirles la verdad, yo quedé tan sorprendido como él.

Él daba vueltas alrededor del capó, rascándose la cabeza, repitiendo en voz alta: “Aquí acaba de suceder algo”. Después de un rato, le conté de lo que yo había dicho en mi corazón, y que el Señor había tenido misericordia de él. Eso abrió la puerta para que yo le presentara a él el profeta al cual le habían sido respondidas oraciones mucho mayores que ésa, aún resurrección de muertos. Pasé como veinte minutos, le compartí de este gran ministerio y de lo que el Señor Jesús ha hecho en este día.

Corrí a mi furgoneta y le traje un CD de evangelismo: ¿Qué es el Espíritu Santo? Los libros, William Branham-Un Hombre Enviado De Dios, y La Revelación de Jesucristo, y unos cuantos tratados. Muy agradecido él los recibió. Cuando le expliqué el contenido del CD, él dijo: “¡Quiere decirme que el hombre del que me está hablando, su voz en realidad está en este CD!”. Yo dije: “Sí”. Él lo empuñó aún más y dijo: “¡Entonces, no todos reciben uno de éstos!”. Sonreí, le dije es todo suyo para que lo disfrute. Luego seguimos cada uno nuestro camino, lo observé a medida que se fue.

Coincidencialmente, llegué a la iglesia a tiempo y compartí esta corta experiencia de evangelismo con los creyentes.

El Señor bendiga a VGR por proveernos estos CD’s.

El Hno. Kye, Trinidad

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