15/08/2016
Estad firmes

Vean, es su mente la que abre la puerta, o cierra la puerta, y escucha a su conciencia, escucha a su memoria, escucha a sus afectos. Pero cuando su mente se cierra a estas cosas, y le permite a Dios, al Espíritu de Su Palabra entrar, Eso sopla para afuera todo lo demás. Toda duda desaparece; todo temor desaparece; toda sensación de duda desaparece; todo sentimiento desaparece. No queda nada allí sino la Palabra de Dios, y Satanás no puede batallar en contra de Eso. ¡No, señor! Él no puede batallar contra Ella.

La más grande batalla jamás peleada (62-0311)

Nunca antes la presión de la vida había sido tan fuerte como hoy. A lo largo de la historia, los hombres adoptaban el mismo oficio de sus padres y esas habilidades las trasmitían durante generaciones.

Hoy es muy distinto. Miles de millones de personas que viven en la tierra han creado gran diversidad en la vida cotidiana y también incontables distracciones que constantemente procuran desviar nuestra atención de los asuntos importantes a tonterías. Se nos plantea decisión tras decisión y cada una puede cambiar el rumbo de nuestra vida. Cuando se combinan todas las opciones que se nos presentan con la responsabilidad de sustentar una familia, se convierte en una situación estresante desde cualquier punto de vista.

Este joven era consciente de que necesitaba decidirse por Dios en Su vida. Si lograba encontrar Su voluntad perfecta, entonces todo saldría bien. El diablo notó que el Hermano Caleb iba por el buen camino, así que procuró agobiarlo con cargas casi insoportables. Nuestro joven hermano hizo exactamente lo que la Palabra ordena y se mantuvo firme hasta que el camino se iluminó frente a él. Entonces todo encajó perfectamente.

Solo quiero compartir este testimonio para glorificar a nuestro Señor Jesús y animar a la familia de Dios. Poco después de recibir el Espíritu Santo en mi corazón durante un campamento de Still Waters, en agosto del 2011, empezó mi primera prueba de verdad como Cristiano nacido de nuevo.

Dos semanas después del campamento, me ausenté temporalmente de mi ciudad natal por motivo de una pasantía. Fui buen estudiante y me gané un puesto ventajoso en una gran compañía. En ese momento, no entendía la razón, pero me empezó a invadir el temor de escoger la profesión equivocada. Aunque esa es una decisión muy importante para un joven, ahora me doy cuenta de que se trataba de un espíritu de ansiedad que se estaba infiltrando en mi vida.

Con el tiempo empecé a preocuparme más y más sobre mis decisiones, en lugar de confiar en la dirección del Señor. Eso afectó mi vida cotidiana al producirme depresión y un dolor de cabeza fuerte y constante. La mayoría del tiempo desempeñaba mis funciones normalmente, pues podía reprimir ese sentimiento para trabajar, estudiar y cumplir con mis obligaciones diarias; pero nada me producía felicidad. Esa sensación empeoraba, desaparecía y regresaba; esto se prolongó por meses, los cuales se convirtieron en años. Normalmente se manifestaba con un auténtico ataque de ansiedad que me dejaba sollozando en medio de la confusión. Me frustraba no poder librarme de ese sentimiento de ansiedad y desesperación; sentía que estaba robándose mi felicidad. Aun el día en que me casé, lo único que sentía era la presión del futuro, en lugar de estar feliz con todas las bendiciones que el Señor me había concedido. 

Luché por casi cuatro años, escondiéndome en la Palabra para calmar los nervios. Me subía al auto y conducía por la carretera mientras escuchaba una cinta. En ocasiones esos sentimientos se aliviaban, pero en otras se desbordaban mientras lloraba y desgastaba el cuero del volante al apretarlo con las manos.

Un viernes por la noche, en marzo del 2015, sufrí un ataque de ansiedad cuando me dirigía con mi esposa a cenar. Fue humillante no poder controlar mis nervios frente a mi querida esposa Cristiana (Dios verdaderamente da los mejores regalos). Cuando dejé de llorar, le comenté a ella (mientras pensaba en lo que necesitaba hacer con mi vida): “Sencillamente no sé qué hacer; tengo que enfrentar esto y seguir adelante o mantenerme firme y confiar en que el Señor obre”.

A la mañana siguiente, me levanté, aún apesadumbrado, y me dirigí al iPod que tenemos en la sala. Como muchos creyentes, nos gusta que la Palabra se escuche en nuestra casa, por lo que durante toda la noche estuvieron sonando varias cintas desde el iPod (con altavoces). Me acerqué al iPod para escoger una cinta para el Tiempo a Solas y noté que iba en la pista Estad firmes (57-0518).

Creí que era una respuesta del Señor, así que seguí escuchando. El Hermano Branham leyó una pequeña porción de la escritura, Números 13:30: “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés…”. Me emocionó mucho escuchar al profeta pronunciar MI NOMBRE en la cinta cuyo título contestaba la pregunta que le hice al Señor. Escuché atentamente y absorbí cada letra y puntuación de esa cinta. Me sentí tan bendecido al recibir la respuesta del Señor y una certeza apacible empezó a reconfortar mi corazón.

Cuando la cinta terminó, salí a revisar el correo. Hermanos y hermanas, ¡¿pueden imaginar cuánto se regocijó mi corazón cuando en el correo de esa mañana me encontré con la respuesta del Hermano Joseph a una carta que le había escrito hacía SEIS MESES concerniente a ese sentir que estaba en mi corazón?! Por la gracia de Dios, puedo testificar que DESDE ENTONCES no he sentido ni una pizca de ansiedad. Yo solo procuro caminar con el Señor hoy, pues sé que Él se encargará del mañana.

Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.

Salmos 119:105

Él dijo: “Voy a cruzar la cuesta. Yo vivo al otro...Bueno, vaya a casa conmigo”. Un buen hombre. Dijo: “Vaya a casa conmigo, quédese toda la noche, Hermano Branham”.

Yo dije: “Quisiera poder hacerlo, hermano. Pero”, yo dije, “yo voy aquí adonde mi tío”. Y él dijo...yo dije: “¿Quiere que lo lleve para allá?”

Dijo: “No, tengo que cruzar la cuesta allá, por este lado, y bajar una cañada, y para arriba”, Uds. saben cómo es por allá.

Y yo dije: “Bueno”, yo pregunté, “¿cómo va a llegar allá?”

Él dijo: “Yo voy por ahí, por la vereda”.

“Pues”, yo dije, “Ud. ni siquiera puede ver su mano frente a Ud.” Yo pregunté: “¿Cómo va a llegar hasta allá?”

Dijo: “¡Yo tengo una linterna!”

Y yo dije: “Bueno, ¿cómo hace...? ¿Qué es lo que hace, enciende la linterna y después camina con ella?”

Él dijo: “Sí, señor”.

Yo dije: “Cuando Ud. enciende la linterna, ¿puede Ud. sostenerla en alto de esta manera? Me gustaría ver su casa”.

Él dijo: “No se puede ver”.

Yo dije: “¿Entonces cómo va Ud. a llegar allá?”

 “Oh”, él dijo, “yo sólo encenderé mi linterna; y mientras camino, ella...yo sólo camino mientras la luz...”

Yo dije: “Eso es. Amén, sólo camine en la Luz”.

La edad de la iglesia de Efeso (60-1205)