Ahora, cuando ponemos nuestras manos por fe sobre ese tembloroso Cordero de Dios , sentimos su carne tiritando y temblando por nosotros, y nuestras manos se bañan con Su Sangre, y nuestras almas… La vida que estaba en Él no era solo de un hombre mortal, ni tampoco era un animal. Era Dios. Así que esa vida regresa sobre el santificado y viene a ser un hijo o una hija, la descendencia de Dios. ¿Ven? La vida de Dios. Y nosotros somos hijos e hijas de Dios por medio de esa célula de sangre que fue partida, Jesucristo. Ahora, ¿qué es entonces? Dios nuevamente está en Su pueblo, teniendo compañerismo como lo hizo en el huerto de Edén. ¿Ven? Ahí tienen, hijos e hijas. ¿No es hermoso? Dios nuevamente…