07/01/2019
Por Su llaga

5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Hay una diferencia entre el Cristianismo verdadero y cualquier otra fe. Nuestra religión tiene un Salvador resucitado y, por Su llaga, FUIMOS curados. Lo único que debemos hacer es tener fe. El Señor Jesús obró un milagro en la vida de esta hermana y, a cambio, ella está contándole al mundo sobre un Salvador maravilloso que está vivo hoy. 

Tengo 24 años y llevaba mucho tiempo sufriendo de un dolor extremo en la espalda o los discos intervertebrales. Pero ayer fue distinto. Tuve un día muy doloroso que empeoró desde las 6:00 p. m. Me dolía cuando me recostaba y me sentaba.

Entonces estaba visitando a mi hermana. Tomé medicamentos y me traté con termoterapia, pero por alguna razón el dolor persistía.

Más tarde, regresé a casa e intenté dormir. Por unos minutos, me recosté en la cama boca abajo con la intención de dormir. Entonces sentí un dolor intenso desde la espalda hasta los pies y no podía moverme en lo absoluto; hasta respirar era extremadamente doloroso. Empecé a llorar sin parar e intenté llamar una ambulancia.

En ese momento, mi madre vino de la otra habitación y dijo que oráramos. Empezó a orar mientras yo lloraba y el dolor empeoraba. Me mantuve boca abajo todo el tiempo, sin poder moverme. Me sobrevino el pensamiento de que nunca iba a poder pararme de nuevo.

Ella oró así: “No te preocupes, estás sana y la Palabra de Dios dice que por su llaga somos curados; solo cree y verás”.

Todavía estaba dolorida y sin poder moverme. Tomé mi teléfono y sentí que debía leer la Cita del Día en la aplicación de Lifeline.

Abrí la aplicación y comencé a leer. Era una cita del sermón El ciego Bartimeo (55-0818), entonces el Señor obró en mí. Noté que Dios describió exactamente mi situación por medio del sermón y, además, el pasaje de la Biblia era Isaías 53:5.

Me di cuenta de que Dios me había sanado. Él conocía exactamente la razón por la que permitió el dolor: para mostrarme Su amor. Le agradecí. Aunque no lo merecía, Él fue muy bondadoso conmigo.

Al cabo de tres o cuatro minutos, el dolor había desaparecido por completo. Ya no estaba dolorida, pude moverme normalmente y salir de la cama. De inmediato llamé la ambulancia para avisar que ya no la necesitaba, pues había sido sanada y ya no sentía dolor.

Considero que fue una experiencia sobrenatural con el Señor. Quería compartirles este testimonio y animarlos, pues, sin importar la situación o lo que suceda, Su Palabra simplemente no puede fallar.

La Hermana Dusica

Austria

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