26/06/2020
La oración es efectiva

Dios los bendiga grandemente a cada uno:

Les contaré una historia. Mi esposa, Berenice, y yo nos casamos el 23 de julio de 2017. Pronto nos dimos cuenta de que estábamos esperando un bebé. ¡Nos alegramos mucho, un bebé! Una gran bendición de parte de Dios; pero, por alguna razón, el cuerpo expulsó al bebé, el médico determinó que fue un aborto espontáneo. Después de recuperarse, nos dimos cuenta de que nuevamente esperábamos un bebé y también nos alegramos mucho. Cuando fuimos a realizar la ecografía, el médico nos dio muy malas noticias. El bebé no estaba vivo y también lo perdimos. Nuestro gozo se había transformado en terror.

Los médicos le comentaron a mi esposa que tendrían que operarla para que no pudiera tener bebés. Mi esposa decidió no someterse a este procedimiento, pues confiaba en Dios. Pasaron meses y mi esposa no volvía a quedar embarazada.

En marzo del 2019, decidimos ir a visitar a sus padres. Muchos hermanos sabían lo que había sucedido y, cuando íbamos a regresar, el Hermano Francisco Viramontes (distribuidor de VGR de Guadalajara) nos comentó: “Tengo el sentir en mi corazón de orar por ustedes". Le dije a mi esposa: "Ven, el hermano quiere orar por nosotros". Durante la oración, empezamos a llorar repentinamente. Esos recuerdos del pasado aún son dolorosos; pero, al mismo tiempo, la oración nos infundió fuerza y desvaneció nuestros temores al darnos un poco más de fe. El hermano oró para que Dios nos diera a nuestro bebé saludable y nos ayudara en todo. Rápidamente nos despedimos de cada hermano y hermana y regresamos a casa el 18 de marzo del 2019.

En el mes de abril, algo estaba pasando con mi esposa. Ella se sentía diferente y pensamos:

"Estamos esperando un bebé".

Fuimos por una prueba de embarazo y, cuando vimos los resultados, ¡nos sorprendimos al ver que realmente esperábamos un bebé! Pedimos oración a los hermanos y les dijimos que estábamos muy felices.

Todo el embarazo fue sorprendente, nuestro bebé estaba luchando por permanecer adentro y para que su pequeño corazón siguiera latiendo. Fue un embarazo de alto riesgo. A veces, parecía que no íbamos a lograrlo, había sangrado y dolor; eso nos ponía muy nerviosos. Llorábamos, pero al mismo tiempo recordé que Dios ya nos había dado la respuesta. Comenzamos a orar en esos momentos difíciles.

Dios es tan bondadoso que en ningún momento se alejó de mi esposa o mi bebé. Cuando el embarazo se tornó más riesgoso, tuvimos que comprar medicamentos bastante costosos. Ocurrió inesperadamente, por lo que no teníamos el dinero para costear tantos medicamentos. Entonces, de repente, recibimos el dinero y le agradecimos a Dios por eso.

Los meses pasaron hasta el séptimo mes del embarazo. Fuimos al médico y él dijo que todo estaba perfecto y que debíamos esperar hasta el siguiente mes para que el bebé naciera de forma natural. ¡Estábamos gozosos! El médico nos indicó que regresáramos dos semanas después de la última cita, para darnos los documentos de control del embarazo y para hacer una última revisión.

Vimos que el bebé se encontraba bien, pero el médico nos explicó que la placenta ya no le proporcionaba alimento ni oxígeno; por lo que ese mismo día debía nacer por cesárea. Aparte de eso, tenía el cordón umbilical alrededor del cuello y un parto natural complicaría todo. Salimos del hospital y nos sentamos afuera en un asiento. Nos miramos y dijimos: "Hoy nacerá Elijah Isaac Ramos Adame".

El 2 de diciembre de 2019, el equipo de médicos y enfermeras que estaban presentes estuvieron muy atentos y preocupados, pues sabían que mi esposa tenía complicaciones. Realizaron la cirugía y de repente un grito interrumpió el silencio. Gracias a Dios nuestro bebé nació y todo salió bien. Permanecimos tres días en el hospital en recuperación, mientras yo los cuidaba. El bebé tuvo que pasar un día más en la incubadora; pero, al final, todo salió perfecto. El pediatra nos advirtió que por haber nacido un mes prematuro, podía presentar complicaciones. Pero nos dijo que este bebé se veía muy saludable y agradecimos a Dios por eso.

En las siguientes semanas, el bebé se fortaleció y, hasta el día de hoy, el médico se sorprende de lo saludable que está. El bebé no parecía prematuro, alcanzó rápidamente su peso normal y no se enfermó en lo absoluto. Gracias a Dios por todas sus bendiciones. Solo queda agradecer a Dios por tantas bendiciones y todo el amor que nos demuestra. Nuestro Dios nunca se cansa de concedernos demasiado y estamos más que agradecidos con Él por nuestro bebé y por el gran Mensaje que nos ha permitido tener.

Dios los bendiga

El Hermano Víctor Ramos

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