21/06/2017
Esto es

Siempre llega un momento a la vida de todos, en que el Señor nos pone a elegir. Podemos escoger servirle o no. A veces parece que ya hemos escogido el camino equivocado, pero, si en nuestro corazón hay un anhelo por el Espíritu Santo, entonces hay un Espíritu Santo que nos espera.

Este jovencito, un hermano de Australia, nos relata en su testimonio cómo le habló el Señor y le concedió el deseo de su corazón.

Soy un joven de veinte años que ha pasado por todos los problemas del mundo, pero el poderoso rey Jehová acudió a mi rescate y, no pudiendo contener el gozo, tengo que compartir mi testimonio.

Sé que otros jóvenes se verán bendecidos con este testimonio.

Nací en el Mensaje de la hora, con ambos padres creyentes, pero nunca había definido bien mi postura en la Palabra de Dios. Algo siempre ardía en mi corazón; en todas partes y en todo lo que hacía, sentía esa condenación. Muchas veces intenté venir y confesar mis pecados, pero de nuevo me hallaba cautivo en los programas del diablo.

Sin embargo, recientemente, comencé a escuchar las introducciones y las cintas del Tabernáculo Branham. Entré en verdadera desesperación ante el Señor y comencé a buscarlo a Él. El único entusiasmo que tenía por Él era solo emoción, pero me presenté ante el Señor, diciendo: “Señor, quiero lo genuino. Quiero un cambio en mi vida. Sencillamente ya no soporto esto. No puedo continuar viviendo en este estado”.

Comencé a ayunar, lo cual jamás había hecho, y a madrugar, orando y escuchando las cintas con frecuencia. Un día, después del trabajo, escuchaba la cinta ¿Crees esto? Anteriormente en el trabajo oré pidiéndole al Señor una experiencia verdadera como Su Sello del Espíritu Santo. Durante la cinta, sentí la Presencia del Señor, comencé a gritar y clamar y pedí: “Señor, en lo que haga el profeta en la cinta, no me pases por alto”. Entonces comenzaron a cantar No me pases por alto, tierno Salvador.

Dije: “Señor, háblame por medio de tu profeta. Necesito tu Espíritu Santo”. Dije: “Señor he escuchado testimonios de tantas personas a las que Dios les habló en las cintas”. Añadí: “Señor, que hoy sea mi turno”.

En Su Presencia, confesé mis faltas con lágrimas. Inmediatamente después, el profeta me habló: “Dios lo bendiga, joven. Entregó su corazón a Cristo hace poco. Veo una Luz que sigue suspendida sobre Ud. Dios lo bendiga. Recibirá el Espíritu Santo ahora”. Al instante, algo me impactó y sentí algo salir de mí, una carga pesada. Me sentí tan liviano que comencé a llorar y seguí alabando el Señor. Desde ese día no volví a ser el mismo; esto es lo que el diablo jamás podrá arrebatarme. Me siento muy seguro.

Dios los bendiga a todos,

Christian Nyamadzavo

Australia

Save