04/09/2020
¿Eres un jinete?

Cada creyente del Mensaje aprecia las ocasiones en las que escuchan al Hermano Branham hablar sobre sus experiencias personales, como la zarigüeya que se acercó a la puerta de su casa por oración, o el osito que abrió la cubeta de melaza mientras él estaba en un viaje de pesca. Como un padre que les cuenta historias a sus hijos, él nos mantiene entretenidos con historias fascinantes que nos transportan al mismo escenario donde sucedieron.

La siguiente es una de nuestras favoritas de la colección del CD Historias.

Recuerdo que una vez mi madre, ellos se fueron al oeste y ella vivió en Texas, Oklahoma. Pues mi papá era un jinete fantástico; en verdad sabía montar y muy bueno disparando el revólver. Y así que él solía ir a los rodeos y demás, y montaba. Intentaba enseñarme a disparar un revólver. Tomaba esas grandes canicas de barro y hacía rodar una de ellas de esa manera, y tenía dos revólveres; y tomaba uno, disparaba por debajo de la canica y la hacía saltar en el aire y la estallaba con el otro antes de que cayera al suelo. Yo no podía pegarle a una lata de manteca que estuviera inmóvil, así que yo—yo sabía que nunca podría lograr eso. Pero él podía montar bien.

Y así que yo siempre quise ser como mi papá. Entonces nosotros cuando éramos niños en la granja (Uds. saben) y teníamos un caballo viejo de arar. Y entonces en la tarde, después que terminaba de arar, yo me iba a la parte de atrás del establo. Tenían un viejo abrevadero labrado de un tronco. ¿Cuántos han visto un abrevadero labrado de un tronco? Vaya, ahora estamos en casa, me siento como en casa ahora.

Y entonces reunía a todos mis hermanitos y los sentaba allá en el borde de la cerca, y sacaba al caballo viejo, donde papá no se diera cuenta. ¿Ven? Y yo bajaba allí y recogía un puñado de cardillos, y sacaba la montura, y colocaba la montura sobre el caballo viejo, y ponía esos cardillos por debajo, y ajustaba las correas (Uds. saben) y me subía en él. Pues, el pobre caballo tan viejo, Uds. saben, y rígido y cansado, ni siquiera podía levantar las patas del suelo. Él solo relinchaba con esos cardillos allí debajo, Uds. saben. Yo me sentaba allí y me quitaba el sombrero y decía: “Soy un vaquero”. Montado en este pobre caballo, y él solo relinchaba, Uds. saben, y solo brincaba de esa manera.

Cuando cumplí los diecinueve años, me fui de la casa, hacia el oeste. Me iba a volver un vaquero. Así que llegué a Phoenix, Arizona, a tiempo para un rodeo. Y me fui a comprar un par de chaparreras, y cuando me las abroché, sobraban unas dieciocho pulgadas [46 cm] de cuero por el suelo. Parecía una de esas gallinitas Bantam, Uds. saben, con esas plumas detrás… Yo dije: “Mm-mm, demasiado grande para mí”.

Así que me conseguí un par de pantalones Levis y me fui a los establos, y me dejaron entrar con un par de pantalones de Levis puestos. Yo… estaba observando alrededor. Después de un rato dijeron que este bandido de Kansas lo montaría un cierto jinete famoso. Vi cuando sacaron… metieron al caballo en la rampa, me di cuenta de que no se parecía en nada a nuestro caballo viejo de arar. Ellos lo metieron a esa rampa de esta manera, y uno tiene que arreglárselas como pueda cuando va pasando. Abrieron la cerca allí para dejarlo salir. Y cuando lo hizo, este jinete famoso saltó sobre el caballo, y cuando ellos saltaron… él saltó sobre el caballo, el caballo hizo un giro, puso todas las cuatro patas como dentro de una cacerola, y casi arroja la montura sobre el cerco del corral. Y cuando ese hombre cayó, cuando ese caballo lo arrojó, estaba sangrando por la nariz y los oídos.

Los encargados agarraron al caballo y la ambulancia se llevó al jinete. Bueno, este hombre se acercó y dijo: “Le daré cien dólares a cualquiera que lo monté por un minuto; un minuto. Cualquiera”. Y allí había un grupo grande de vaqueros sentados a lo largo de la cerca. Uds. saben. Yo estaba sentado con ellos. Uds. saben. ¡Vaya! Yo pensaba que era un vaquero. Y vi eso. Él miró, vino directamente hacía mí, el anunciador, y dijo: “¿Eres un jinete?”.

Le respondí: “No, señor”. No, señor. Yo no era un jinete cuando estaba en un lugar donde había un jinete.

¿Crees esto? (51-1003)