¡Oh, mi querido hermano, mi querida hermana!, a Él que puede evitar que Ud. caiga, a Él que puede sostener en gracia su corazón: que Él derrame Sus bendiciones sobre Ud. Que Ud. nunca olvide que estamos viviendo en los postreros días de la última edad de la iglesia, de la cual fue predicho que sería una edad de la iglesia tibia, de poco ánimo para Esto. Dejen de andar con poco ánimo. Vengan genuinamente a Cristo, de todo corazón.
Yo no le estoy diciendo a qué iglesia unirse. Eso no tiene nada que… Dios no le va a preguntar eso a Ud. en el día del Juicio. No, señor. A Él no le interesa a qué iglesia Ud. pertenezca.
Él lo quiere a Ud.; es el individuo. Y Ud. tiene que nacer de nuevo y recibir el bautismo del Espíritu Santo o está perdido. ¿Ve? Ud. solo está jugando a la iglesia, solo está personificando, hasta que realmente tenga la experiencia de haber nacido de nuevo.