23/11/2020
No olviden lo principal

Nuestro Señor Jesús disfruta el compañerismo con Sus hijos. Con frecuencia descuidamos nuestra vida de oración, debido a las distracciones de la vida cotidiana; pero Dios tiene una manera de darnos razones para hablar con Él y a veces esas razones pueden ser un poco dolorosas. No importa que distracciones se nos presenten, nunca debemos olvidar lo principal, que es hablar con nuestro Señor Jesús a diario.

Me encanta montar en bicicleta y el Señor lo sabe; sin embargo, el dolor de la artritis había empeorado tanto en una de mis rodillas que ni siquiera podía girar los pedales, y no pude seguir usando la bicicleta. Durante los últimos cinco años probé muchos remedios y dietas para mejorar la rodilla, pero se salió de mis manos.

Fui al médico, donde me hicieron algunas radiografías y un ultrasonido. Ella me miró y comentó: "Se ve muy mal, necesito remitirlo a un ortopedista”. Cuando finalmente fui al especialista, él también ordenó algunas radiografías y luego entró al consultorio y dijo: “Señor, Ud. sufre de un caso grave de osteoartritis, mucha inflamación y un quiste poplíteo detrás de la rodilla. Lo único que puedo hacer por usted es aplicarle una inyección de cortisona”. Le respondí: “No quiero una inyección, ya que mucha gente me ha advertido que dañará mi cartílago y luego tendré que regresar por una rodilla artificial”. Él dijo: “Eso puede suceder, pero no le queda cartílago en esa rodilla; ahora mismo los huesos están rozándose y me sorprende que todavía pueda caminar”. Me mostró las radiografías y me explicó todo lo que ocurría en la rodilla. Después, mientras golpeaba su bolígrafo en el escritorio, dijo: “Bueno, ¿está listo para la inyección?”. Respondí: “No, no quiero una inyección; no puedo aceptar eso”. Reunió sus papeles y, un poco enojado, dijo: "Cuando esté listo para la inyección, regrese, y si necesita una rodilla artificial también podemos encargarnos de eso”. Salí de allí alterado y no sabía qué hacer, especialmente porque había esperado seis semanas para su consulta y fue en vano.

Mientras conducía, recordé que ese día era la oración de los miércoles por la noche y aún recordaba bien cómo ese Dios había sanado las rodillas de Malaquías, mi nieto de tres años. ¡Alabado sea el Señor! ¡Esto es grandioso! El diablo me tenía arrinconado y solo me quedaba mirar hacia arriba. ¡Amén!

Llamé a mis hijas y a mi nuera y les comenté: “Esta noche es la noche de oración, y quiero que todos mis nietos oren por las rodillas del abuelo”. Luego llamé a la línea de oración de la Voz de Dios y le pedí al Hermano Joseph que se uniera con mis nietos y conmigo en oración, para ¡llamar al Doctor Jesús a la escena!

Me encerré en mi habitación y derramé mi alma, y pasé un buen rato limpiando todas las telarañas de mi vida espiritual. Sentí que el Señor me decía: "No Me hablas como solías hacerlo, siempre estás muy ocupado". Sabía que Él tenía la razón, hasta pasé más tiempo montando bicicleta que orando. Le dije que lo sentía y que, por favor, me perdonara. Recibí una cita del mensaje La simiente de discrepancia, párrafo 156:

Algún día Ud. tendría que caminar con un bastón si esa artritis lo persigue, pero no será así con Ud. Ud. no, Ud. no cree que llegará a eso, ¿verdad? ¿Cree que va a estar bien? Siga su camino y Jesucristo lo sana.

Me aferré a esa cita con todo y ahora, después de cinco años de dolor, ¡estoy libre del diablo de la artritis! ¡Qué sentimiento tan grandioso! Le dije a mi esposa: “Aunque solo le de la vuelta a la manzana, pasear con Cristo será un placer”. Por dentro me reí y dije: "El Señor sabía exactamente dónde quebrarme". Lo amo a Él.

El Hermano Eddie Mata